Florecer en La Propia Paz

Luis Barreda Morán

Florecer en la Propia Paz

No te confundas, querido:
no es desamor lo que habita mis silencios,
ni soberbia la muralla que construí con cicatrices.
Es simplemente que aprendí
que el alma no se entrega por costumbre,
ni el corazón se ofrece
como quien deja monedas sobre la mesa
para pagar el miedo de dormir sola.

Hubo un tiempo
en que confundí migajas con banquetes
y abrazos vacíos con eternidad.
Hubo noches largas
donde lloré mi nombre en voz baja,
porque olvidé quién era
mientras intentaba ser suficiente
para quienes jamás supieron quedarse.

Y entonces entendí.

Entendí que la soledad
no era un castigo,
sino un espejo:
uno inmenso y honesto
donde, por fin, tuve que mirarme de frente,
sin disfraces,
sin el ruido de amores pasajeros,
sin la necesidad absurda
de sentirme elegida para sentirme valiosa.

Aprendí a caminar conmigo.
A sentarme junto a mi tristeza
sin huir desesperadamente hacia brazos ajenos.
Aprendí a tomar mi mano
cuando el mundo parecía derrumbarse;
a regalarme flores sin esperar fechas;
a celebrar mis pequeñas victorias,
aunque nadie aplaudiera.

Porque el amor propio, querido,
no nace en frases bonitas
ni en fotografías felices.
Nace después del derrumbe,
después de tocar fondo
y, aun así, tener el valor
de reconstruirse con las manos heridas.

No me muero por tener a alguien.
No necesito un cuerpo ocupando mi cama
para sentir llena la vida.
Tengo sueños que me despiertan temprano,
amistades que abrazan mi existencia,
familia que sostiene mis inviernos
y una paz tan difícil de construir
que ya no pienso sacrificarla
por amores a medias.

Claro que deseo amar.
Claro que, a veces, imagino
unos ojos encontrando hogar en los míos,
unas manos aprendiendo mis tempestades,
un corazón capaz de quedarse
incluso cuando mi alma tiemble.

Pero no tengo prisa.

Porque el amor verdadero
no llega corriendo,
ni se ruega,
ni se fuerza, como quien intenta alcanzar un tren
antes de que cierren las puertas.

La gente le teme demasiado al vacío.
Por eso se lanza desesperadamente
a cualquier compañía.
Por eso soporta migajas,
traiciones disfrazadas de cariño,
presencias tibias
que solo existen para evitar la soledad.

Y qué tristeza, querido,
vivir acompañado
pero sentirse solo igualmente.

Yo prefiero mi calma.
Prefiero mis noches tranquilas,
mi café en silencio,
mis libros abiertos,
mis metas creciendo lentamente,
como árboles que no necesitan aplausos
para dar frutos.

Prefiero esperarme.

Porque quien aprende a estar consigo mismo
descubre una libertad inmensa:
la de no mendigar amor.

Y cuando alguien llegue,
si es que llega,
quiero que encuentre una mujer completa,
no un vacío exigiendo ser llenado.
Quiero amar desde la abundancia,
no desde la carencia;
desde la elección,
no desde el miedo.

No busco quien me rescate.
No soy un proyecto roto
esperando reparación.
Soy una mujer que sobrevivió a sí misma,
que recogió cada pedazo de su alma
y aprendió a convertir heridas
en jardines.

No te confundas, querido:
no es frialdad,
es conciencia.

Ya sufrí demasiado
como para volver a entregar mi paz
a manos irresponsables.
Ya lloré lo suficiente
como para entender
que no cualquiera merece entrar
donde tanto costó sanar.

Ahora elijo distinto.

Elijo conversaciones que abracen,
miradas que no mientan,
personas que sepan quedarse
sin necesidad de cadenas.

Y si algún día llega alguien
capaz de tocar mi alma
sin apagar mi esencia,
sin competir con mis sueños,
sin pedir que me reduzca
para hacerlo sentir inmenso,
entonces abriré las puertas de mi corazón
sin miedo.

Pero, mientras tanto,
seguiré floreciendo.

Porque descubrí algo importante:
la felicidad jamás dependerá
de cuántas personas nos amen,
sino de cuánto amor
somos capaces de darnos a nosotros mismos.

Y si de amor propio se tratase,
querido,
tal vez el mundo entero
conocería, por fin,
la verdadera felicidad.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Noviembre, 2018.

Ver métrica de este poema
Comentarios +

Comentarios1

  • Daniel Omar Cignacco

    La verdadera felicidad al leer tu poema.
    Te invito sin compromiso a mi nuevo poema.
    https://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-827330



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.