La luz antes del nombre

José Honorio Martínez Ochoa

En el fondo de esa quietud,

donde la luna

ya no es una imagen

sino latido,

algo germina:

una palabra todavía no dicha,

un resplandor

que apenas comienza

a pronunciar tu nombre

en la oscuridad.

Y en ese descenso,

 donde el lenguaje se desviste,

la noche adquiere

un espesor de savia,

un temblor

que recorre la médula del instante,

como si cada sílaba

fuese una grieta

abierta hacia la luz.

Tu sombra,

todavía vibrando en la piel,

se multiplica

en los pliegues del aire,

y una respiración profunda,

casi terrestre,

levanta el polvo antiguo

de los cuerpos.

El árbol

ya no es árbol,

sino un eje

que articula lo invisible,

una columna

por donde asciende el murmullo

de todo aquello

que no encuentra forma.

Mis pasos

se diluyen

en esa materia oscura,

no como perdida,

sino como expansión

como algo que desconoce

sus propios límites,

como si avanzar

fuese también

deshacerse.

 

 

 

 



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