Entre las historias de mi abuelo y la tormenta

Flor del loto

Entre las historias de mi abuelo y la tormenta

Por Ascen B Alba

La vida tiene días de calma,
días donde el tiempo se queda quieto
y las cosas pequeñas
brillan más que el sol.

Días que saben a infancia,
a noches de verano,
a juegos en la calle,
al teje y al elástico,
mientras el cielo se dormía despacio.

Y entonces aparecía mi abuelo,
sentado en aquel patio
lleno de plantas y macetas
que mi madre cuidaba con tanto amor.

Su voz tenía magia.
Contaba historias
que me atrapaban el alma,
y yo quería escucharlas
una y otra vez,
como quien no quiere despertar de un sueño.

Pero la vida también conoce la tormenta.

Llega sin avisar,
rompiendo puertas,
dejando grietas
que nunca vuelven a cerrarse.

Nunca se espera
la muerte de un hermano.

Todavía recuerdo aquel 30 de diciembre.
Yo hablaba por teléfono,
planeando la cena de fin de año,
cuando escuché los lamentos.

Era mi tía.

Y el mundo se detuvo.

Solté el teléfono
y corrí calle arriba
con las lágrimas quemándome la cara,
sin saber si estaba despierta
o atrapada en una pesadilla.

Mi madre cruzaba la calle
con mi hijo pequeño de la mano,
buscando ayuda
en aquella vecina
que ya era familia.

Cogí a mi niño,
lo mandé a casa,
y en sus ojos vi el miedo
de quien aún no entiende el dolor.

Entré en la habitación.

Allí estaba él.

Su cuerpo seguía caliente,
como si solo se hubiese dormido
para no despertar jamás.

Las fuerzas me abandonaban,
el aire me faltaba,
pero aun así tuve que vestirlo
antes de meterlo en aquel saco
del que ya no volvió a salir.

Hay dolores
que no saben marcharse.

Y aun así,
la vida continúa.

Con días de cuentos y patios llenos de flores,
y con noches donde el alma tiembla.

Porque vivir
es aprender a guardar
la calma y la tormenta
dentro del mismo corazón.

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Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    La grandeza de versar se plasma con tu generosa y bella pluma estimada Flor del Loto
    Saludos de Críspulo desde España
    El Hombre de la Rosa



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