No soy lo que ven.
Soy la sombra
que les devuelve la forma
de sus propias heridas
causadas por mí.
En mis hombros cuelgan nombres
que nunca fueron míos,
trajes cosidos
con la paciencia del juicio,
rostros que me pusieron encima
como si uno pudiera vivir
adentro de una máscara ajena.
Algunos miran y creen ver
una falta.
Un error mal sentado en la mesa.
Una promesa que envejeció demasiado rápido.
Pero nadie escucha
el idioma secreto de las cosas rotas.
Nadie ve
las guerras diminutas
que suceden antes del alba,
cuando hasta los cordones de los zapatos
parecen desatarse solos
como si también quisieran rendirse.
Nadie ve
el oficio miserable de levantarse
cuando el cuerpo pesa
como una casa inundada.
Nadie ve
cuántas veces uno aprende a sonreír
con la boca llena de ruinas.
Y sin embargo—
hubo días
en que le dije que sí al mundo.
Sí al sol,
aunque me ardiera.
Sí a la noche,
aunque volviera con los bolsillos vacíos.
Sí a la música,
sí a la página,
sí a esa pequeña llama
que insistía en quedarse viva
en medio de tanta agua.
Pero también hay otra voz.
Una que me conoce por dentro
y me habla
como hablan los cuchillos:
sin levantar la voz.
Me recuerda
todo lo que no fui,
todo lo que dejé caer,
todo lo que no supe sostener
sin que me temblaran las manos.
Y yo la escucho
porque uno también termina creyendo
en las cosas
que lo persiguen demasiado tiempo.
No sé si soy culpable
o simplemente cansado.
No sé si pedir perdón
alcanza
cuando uno está hecho
de pedazos que no encajan.
Solo sé
que lo intenté.
Lo intenté
con la torpeza hermosa
de los que vuelven a ponerse de pie
sin entender del todo por qué.
Lo intenté
con canciones,
con palabras,
con mañanas que parecían cerradas.
Lo intenté
aunque adentro
hubiera un cuarto
donde nunca dejaba de llover.
Y si alguna vez fui silencio
donde alguien esperaba calor,
si alguna vez fui ausencia
con nombre y apellido,
si alguna vez mis manos
no supieron llegar—
perdón.
No por existir.
No por haber dolido.
Sino por no haber sabido
cómo volver de ciertas noches.
Porque hay heridas
que no sangran hacia afuera.
Y desde lejos
parecen simplemente
otra persona
mirando por la ventana.
Pero por dentro
son un animal cansado
aprendiendo, otra vez,
a no soltarse.
Hoy el abismo me mira a los ojos con cierta familiaridad
Me conoce
y yo lo conozco,
solo espero que esta vez me abrace.
-
Autor:
mikaiasc (
Offline) - Publicado: 25 de mayo de 2026 a las 20:04
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Salva45, alicia perez hernandez, racsonando, Vidha Vith

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.