Café Carmesí

HECTOR FRANCO

“¿Sabes qué tan profunda es la herida?”, le pregunté mientras miraba sus ojos de café intenso.

 

Alzó la mirada hacia el cielo en busca de respuestas, quizá; pero nada ni nadie respondió.

 

“¿Sabes qué tan profundo es el dolor que me carcome el alma?”, le pregunté mientras observaba sus labios carmesí.

 

Bajó la mirada y, ahí… mis demonios fascinados admiraban a su Diosa.

 

Me miró fijamente a los ojos, con esos ojos de café amargo, y de su boca burlona salieron estas palabras:

 

—Tus decisiones también me hirieron.

 

Entonces comprendí que las decisiones tienen un sabor amargo, y que unos ojos cafés desvanecen los sueños.

 

La vida siguió su camino, mientras la recordaré a sorbos de café amargo en mi taza carmesí.

 

Si algún día vuelve, le diré: Nunca me fui.

 

Héctor Franco; Café Carmesí 

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