Carta deseperada

Carlos Gómez



 

Sobre tu boca amada se resuelve mi pena,

es tu fecundo abrazo barredor de tristeza,

ese dolor tan prójimo se disuelve en tu cuerpo,

allí siento mi tiempo mirado por tu tiempo,

solo en ese inmenso encuentro,

soy el hombre deseado, entonces no hay herida,

allí ya no hay desierto.

La angustia es un fantasma refugiado en tu nombre

Tus labios se hacen luna en el beso profundo,

mi soledad te llama como un niño asustado,

se pregunta por ti, mientras llena mi pecho,

yo mendigo tu amor, adorado mendrugo,

solo en tu amor existo, solo por ti yo vuelo,

abrazo tu silueta naufragando en mis pasos,

y busco tu delirio y  tu sabor de fruta,

no me dejes amor, ya no vuelvas a hacerlo,

por que si tu no estas ya no existe el latido



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.