Una luz balbuciente
rompe ya su ventana,
le despierta, su colchón
holgazanea, se resiste
a dar por terminado el sueño,
pero María ya se levanta,
desoye esos cantos de sirena,
tiene trabajo que hacer.
Casi no ha amanecido y María
ya organiza, piensa, mientras
se ducha, le esperan reuniones
decisivas, y mientras los pájaros
de fuera pían con violencia,
como si les fuera en ello la vida.
El sol, tímido aún, apunta
tras una nube escasa, y María,
ya vestida, perfumada, elegante,
desayuna con una mirada absorta,
perdida en los azulejos andaluces
de la cocina, y parece que disfruta
de ese café, de esa tostada.
El coche, ya despierto, abajo,
se agita alegre como un perro
ante su presencia, abre sus puertas
impaciente, el tráfico que le espera
será denso pero no le importa.
María hace cálculos, analiza
al contrincante, repasa qué hacer,
cómo negociar, y se da un ok,
—ojalá haya buena mar— piensa.
María acaba de llegar al edificio
donde tiene su despacho, aparca
con una facilidad mecánica, diaria.
María sube a un lúgubre ascensor,
concentrada, mirando a nada,
y piensa, ojalá...
María entra en su despacho, ventanas
cerradas, y se sienta a la espera.
Suena un toc toc en su puerta,
se adecenta instintiva, la falda
en su sitio, la camisa, el aliento...
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Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de mayo de 2026 a las 15:31
- Comentario del autor sobre el poema: Los malos presagios como señal de una responsabilidad mal llevada.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Sergio Alejandro Cortéz, Osler Detourniel, Antonio Pais

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