LA SILUETA DEL ADIÓS

EDALTO

La silueta del adiós

 

Mayo desploma su cielo sobre mí.

Aquel amor, que gobernó el imperio del sol,

se apaga con la venia del invierno:

último leño que se rinde en el fogón.

 

Busco la silueta de tu ausencia,

el rastro de los “te extraño” que sepultó el silencio.

Ya no habitan en tu voz el refugio ni la espera;

ha llegado la implacable ley del adiós.

 

Quizás otra luz te demande el abrazo,

un nuevo nido donde el invierno no queme,

donde halles la urgencia de una dicha

más alta que la proyectada por mi sombra.

 

Nada permanece intacto bajo el tiempo.

Sabía que tu partida estaba escrita en mi otoño,

justo cuando mi rostro aprende a besar la tarde

y mis pies danzan al compás del ocaso.

 

Hoy cruzaste como un eco entre la niebla,

el azar nos halló a mitad del camino;

sin palabras, solo el roce de dos almas

que se saben extrañas, vestidas de olvido.

 

Bajo la cadencia de esta tarde encendida,

tus ojos ya no guardan el fuego de la antigua hoguera.

Sigue tu rumbo, encuentra tu ventura,

mientras yo recojo las cenizas de este amor calcinado.

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