Entre los piares que despiden al día viene el recuerdo: Unas palomas picotean, mueven sus cuellos en danza. La camarera empieza a abrir como cada mañana. Me cruzo con el barrendero casi en el mismo punto de cada día. "¡Buenos días!". Camino con un intento de foco tranquilo, aquí y ahora. Que la paz habite y dirija. Miro hacia arriba y, entre una maraña de luces del alba mezcladas con nubes, reparo en la cruz que corona a la iglesia. Sonrío. Dejé que el viento meciese el vello de mi cuerpo en un baño desnudo en el mar. El sol salió de entre las nubes. Fundido quedé, como ese pequeño instante cuando el viento agitaba las ramas, y yo miraba sin intentar entender nada. Fundido quedé... Una nueva puerta abierta de luz para el mundo. Por ello, dejad a la alegría. Dejadla. Que ella sabe vivir y ayudar, aún sin las palabras. ¿Hay acaso mayor servicio y caridad que ser alegres? El mundo huye de la tristeza y en su huida atrapado queda. ¿Acaso no desinfecta el mar que nace de la entraña, no puede haber alegría en deshacer el nudo al mojar la cuerda que nos ata?
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Autor:
alegazpa (
Offline) - Publicado: 24 de mayo de 2026 a las 12:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Osler Detourniel, racsonando, Antonio Pais

Offline)
Comentarios1
¡Qué relato tan agradable! Una narración cargada de una narrativa muy lírica.
Bendiciones.
Saludos desde Colombia.
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