Y entonces,
en ese instante sin medida,
la noche se vuelve cuerpo
y la respiración escribe en mí
la última frontera del silencio.
En esa humedad
que se abre como un umbral,
la noche respira
con un pulso antiguo,
deslizando su sombra
sobre los párpados del agua,
como si el mundo fuese apenas
una herida luminosa
que insiste
en no cerrarse.
Las manos,
aún enlazadas
en su propio silencio,
aprende el idioma secreto de la penumbra,
y en ese roce
casi suspendido,
se enciende una claridad mínima:
un hilo de fuego
que no arde,
pero nombra.
La lluvia finalmente cae,
no sobre la tierra,
sino dentro del pensamiento,
y cada gota
es un fragmento de memoria
que se disuelve
en la piel de lo ausente.
Entonces el fango
deja de ser peso
y se vuelve raíz:
una forma de permanecer
en la caída,
de sostener la soledad
como quien sostiene una luz
que no quiere extinguirse.
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Autor:
Jose Honorio Martínez Ochoa (
Offline) - Publicado: 24 de mayo de 2026 a las 11:41
- Categoría: Amor
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Javier Julián Enríquez, Sergio Alejandro Cortéz, El Hombre de la Rosa, Antonio Pais, racsonando
- En colecciones: Poemas de amor.

Offline)
Comentarios1
El poder de la palabra siembra de letras la harmonia del verso estimado poeta y amigo José
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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