Se arrojó en alas de ceniza,
se desplomó en una amarga tristeza.
Expandió, sin límites,
las voces chillantes de la impotencia.
Dejó los esqueletos dormidos,
encerrados a piedra,
desterrados del aire
y de la luz en ojos y oídos.
Dejó convulsionar el pulso del recuerdo,
la ira sin respuestas,
el amor como motor de lo sublime.
Prefirió fenecer.
Acrecentó la sombra del miedo.
Dejó palabras dormidas en el silencio.
Aferrado a un momento,
apresó los pasos anclados del perverso
y se llenó de disculpas.
Desnudo, se tendió
y se dispuso al sueño eterno.
Como un traje, se dejó la piel en rojo vivo,
y como epitafio,
un breviario de tormento.
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Autor:
Isel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de mayo de 2026 a las 01:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 53
- Usuarios favoritos de este poema: Henry Alejandro Morales, Tito Rod, Lualpri, El Hombre de la Rosa, racsonando, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Pedro Novoa Pavon Novoa, Violeta, EmilianoDR, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios2
Cuídate!
El poder de la palabra siembra de letras la harmonia del verso estimada Isel
Saludos afectuosos desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
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