Desde el Alba

Kamar Oruga

Estoy solo en la puerta del destino arriba del vehículo del pensamiento,

¿pero a dónde nos lleva?,

no lo sé y temo saberlo.

El vino apaga las horas maestro,

ya ni recuerdo el dolor del pasado, pero en sueños 

se me revela mi cuerpo frustrado.

En el mundo todos somos uno errando para hacer y desaparecer, pero ignoramos ese otro espejo que nos da existencia plena.

 

Estoy solo,

viendo pasar el río de silencio 

y creyendo aún en mis sueños,

que tanto placer me provocan e invocan pesadillas vivas en mí. 

Lo que pasa es que el tiempo nunca duerme,

y la mente se enferma de tanta suerte,

ya no sé qué hacer 

con la vida o con la muerte,

pero soy la esperanza

para crear algo diferente.

 

Esto que escribo ya fue dicho

y ya fue vivido,

pero el pensamiento 

ignora sus propios maleficios, esperanzados de amor vivimos,

sin destino,

sin ayer y sin mañana,

sólo el momento vivido.

Las horas cubren el alba

y una canción llega a mis oídos,

no tengo despertar 

porque sólo soy el que soy 

cuando hablo conmigo,

no existo más allá de mí

y eso es un misterio divino.

 

Vamos lejos en busca de flores 

y de amores 

que crean nuevos colores,

así existimos sin saber

y sentimos envejecer 

sin sentir realmente,

y en nuestro paso sin huella

la existencia nos contempla, efímeros y confundidos

dando pan al maestro del destino, breve contemplador de estrellas.

 

Mañana el viento 

soplará mi nombre 

y en todos lados sabrán que fui 

el niño, el poeta, el maestro,

y que todo lo amé 

sin saber y sin querer.

El mundo renacerá 

y será el mundo que ahora es,

y yo seré el mismo de siempre: Nadie.

 

Quiero volver a abrazarte 

y dormir, sólo dormir.

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