Estoy solo en la puerta del destino arriba del vehículo del pensamiento,
¿pero a dónde nos lleva?,
no lo sé y temo saberlo.
El vino apaga las horas maestro,
ya ni recuerdo el dolor del pasado, pero en sueños
se me revela mi cuerpo frustrado.
En el mundo todos somos uno errando para hacer y desaparecer, pero ignoramos ese otro espejo que nos da existencia plena.
Estoy solo,
viendo pasar el río de silencio
y creyendo aún en mis sueños,
que tanto placer me provocan e invocan pesadillas vivas en mí.
Lo que pasa es que el tiempo nunca duerme,
y la mente se enferma de tanta suerte,
ya no sé qué hacer
con la vida o con la muerte,
pero soy la esperanza
para crear algo diferente.
Esto que escribo ya fue dicho
y ya fue vivido,
pero el pensamiento
ignora sus propios maleficios, esperanzados de amor vivimos,
sin destino,
sin ayer y sin mañana,
sólo el momento vivido.
Las horas cubren el alba
y una canción llega a mis oídos,
no tengo despertar
porque sólo soy el que soy
cuando hablo conmigo,
no existo más allá de mí
y eso es un misterio divino.
Vamos lejos en busca de flores
y de amores
que crean nuevos colores,
así existimos sin saber
y sentimos envejecer
sin sentir realmente,
y en nuestro paso sin huella
la existencia nos contempla, efímeros y confundidos
dando pan al maestro del destino, breve contemplador de estrellas.
Mañana el viento
soplará mi nombre
y en todos lados sabrán que fui
el niño, el poeta, el maestro,
y que todo lo amé
sin saber y sin querer.
El mundo renacerá
y será el mundo que ahora es,
y yo seré el mismo de siempre: Nadie.
Quiero volver a abrazarte
y dormir, sólo dormir.
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Autor:
Kamar Oruga (
Offline) - Publicado: 23 de mayo de 2026 a las 13:45
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz, Mauro Enrique Lopez Z., Javier Julián Enríquez

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