Que no quiero tribus, ni leyes, ni reyes,
ni el yugo maldito de un vil mercader,
que rompo los mapas, las normas, las greyes,
ni el monstruo abstracto de todo poder.
¡Huyamos del ruido, del tráfico insano,
donde el segundero nos clava su espuela!
Que muera la cifra del macrocirujano
que mide la vida con fría secuela.
Anclado en la sombra de un monte sagrado,
quisiera ser árbol de raíces de viento,
un tallo de roca en el cielo clavado,
bebiendo los rayos de un firmamento.
O ser un cometa de estela de vidrio,
cruzando el vacío que no tiene dueño,
burlando las leyes del tiempo y el lirio,
bogando en el mar sideral de un ensueño.
Allí en las marismas de espejos flotantes,
donde un flamenco de fuego y de escarcha
despliega sus alas de lienzo errantes
y al son de su antojo remonta la marcha.
¿Qué vale la tierra con su orden ficticio?
¿Qué vale el progreso de hierro y cemento?
prefiero el abismo, el feliz precipicio,
vivir sin cadenas, disuelto en el viento.
¡Volar cuando plazca! ¡Gritarle a la nada!
Ver cómo se funde la herrumbre del siglo.
Y en una marisma de luz desatada,
¡vivir, solo vivir, sin más periplo!
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de mayo de 2026 a las 08:45
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 5

Offline)
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