La imagen y la estética, no tan antaña aún, del macho ibérico blindado y protegido en el interior de su coche ha agravado aún más lo que ya era la brutalidad del macherío zafio y a secas, o sea: de este tiempo del español con sentimiento bruto (que no complejos dado de que éstos, los complejos, los cura un buen psicólogo, casi al instante). Era, y sigue siendo, la moda de la petromasculinidad.
En los colegios de aquellos años de mi niñez en los que abundaban los curas – la mayoría castrados mentalmente -no habían niñas; así es que aquellos burros, aquella burricie de matones con sotanas y también alumnos matones, se echaban arriba de los más débiles que no querían, por ejemplo, participar en los juegos violentos ni participar de los bramidos del fútbol como símbolo de una “Patria” analfabeta; de ahí, en parte hoy, esta violencia “democrática” hoy amparada por una Justicia de ayer, la de la petromasculinidad. De todo esto escribe, y estoy de acuerdo con él, el escritor, periodista y novelista Antonio Muñoz Molina en uno de sus penúltimos artículo en El País: de la Petromasculinidad.
La masculinidad burda de entonces, digo yo, que se veía en las calles por las que corrí en mi niñez, la descubrí muchos años después, tantos como veinte y a miles de km de allí, ya en otros países; se fomentaba por las autoridades políticas, civiles, militares y eclesiásticas del régimen (a los cuales les bastaban sólo ponerse un uniforme para creerse Generales o una sotana para decirse llamar Padre con derecho incluso a matar o ejercer el Derecho de Pernada, de esto he sido testigo desde niño y de manera directa), e incluso también escolares, los cuales imponían una represión psicológica aún más bruta.
Fue la politóloga americana Cara Daggett la que presentó públicamente y por primera vez la palabreja “Petromasculinidad”, en 2018; lo hizo para relacionarla con aquellos hombres hercúleos (pero con cerebros vacíos) de los campos de extracción de petróleo en Texas, Norteamérica, ellos y con ello se representaba públicamente ese poderío físico y mental con el cual, y por medio del adecuado vocabulario, se ordenaba y mandaba sobre el resto de la sociedad toda aprovechando medios de comunicación en especial, entonces, el cine y la televisión.
Hoy, actualmente, y con los nuevos y más avanzados medios tecnológicos, y otros, esa petromasculinidad ya no es ni hace falta que sea física ni visual casi, no. Hoy se usa un vocabulario de miedo, de imposición, impuesto, soez, bruto, matón con el cual se dice y se impone los criterios impropios de una sociedad que se dice, y hace creer, democrática: ahí está ese orangután de la selva de los rascacielos y que es Donald Trump cuyo cerebro intelectual no sobrepasa al de un estudiante medio de cualquier instituto o universidad europea o del resto del mundo occidental. Uno de los que les vienen detrás – uno de los tantos - y que representan al peligro del futuro, primero que nada para los propios estadounidenses, es ese pedazo de carne lleno de odio y que habla pareciera que con sangre en la mirada y que es ese animal de nombre Pete Hegseth, el que tras la burricie y la matanza de su ejército criminal en una escuela de Irán con el resultado de 177 niños y niñas asesinadas, mostró públicamente su tatuaje corporal con la hedionda frase de “Dios lo quiere”; es la petromasculinidad democrática de una sociedad que se dice la más avanzada del mundo, así son y quieren ser porque se les votan en las urnas quienes dicen que aman a su país, porque hay una sociedad que les apoyan…
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 22 de mayo de 2026 a las 16:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 22
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, RIVAS JOSE

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