El instante

Antonio Portillo

El pasado y el futuro
son dos abismos.
El presente
es el cable donde el ser humano
aprende a temblar sin caer.
El vértigo no está en la altura,
sino en la conciencia de la altura.
No es el viento quien empuja,
sino la duda que lo nombra.
El presente es ese instante
en que el pie recuerda el suelo
y el alma ya lo ha olvidado.
Temblar no es debilidad:
es la forma más honesta
de confesar que estamos vivos.
Entre dos silencios
—el que ya fue y el que aún no llega—,
el ser humano camina
con los ojos cerrados
y el corazón abierto.
Y aunque tiembla,
sigue avanzando.
Porque caer no es el miedo.
El miedo
sería dejar de caminar.

 

Antonio Portillo Spinola ©️ 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 22 de mayo de 2026 a las 04:29
  • Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace de una sensación que conozco bien: la de vivir suspendido entre lo que ya no puedo cambiar y lo que todavía no puedo tocar. Para mí, el pasado y el futuro son fuerzas parecidas a dos abismos porque ambos pueden devorar la mente. Uno me arrastra hacia la nostalgia, la culpa o la herida; el otro hacia la ansiedad, el miedo y la incertidumbre. Y entre los dos solo existe un lugar real: el presente. Pero el presente no aparece aquí como paz absoluta. Lo veo como un cable suspendido en el vacío, porque vivir conscientemente implica inestabilidad. Ser humano no es caminar sobre suelo firme, sino aprender a mantener el equilibrio mientras todo tiembla dentro de uno. Cuando digo: “El vértigo no está en la altura, sino en la conciencia de la altura” hablo de que el miedo no nace únicamente de la vida misma, sino de ser consciente de ella. Cuanto más despierto estoy, más percibo la fragilidad de todo: del tiempo, del amor, de mi propia existencia. Y cuando escribo: “No es el viento quien empuja, sino la duda que lo nombra” intento expresar que muchas veces no son las circunstancias las que me derriban, sino la interpretación interior que hago de ellas. La duda amplifica el vacío. El poema también defiende el temblor. Vivimos en un mundo que admira la seguridad, pero yo creo que temblar es profundamente humano. Temblar significa sentir, comprender el riesgo, saber que podemos caer y aun así seguir caminando. Por eso digo que: “Temblar no es debilidad: es la forma más honesta de confesar que estamos vivos.” El final es una afirmación existencial. Aunque tenga miedo, aunque no vea con claridad, sigo avanzando. Porque descubro que el verdadero peligro no es caer, sino renunciar al movimiento, dejar de vivir, dejar de intentar cruzar ese cable invisible que une un instante con otro. En el fondo, el poema habla de la fragilidad humana… pero también de su valentía silenciosa.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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