Siempre te escribo.
Te he descrito de mil maneras:
como te mira mi corazón,
como te descubren mis ojos,
como te reconoce el tacto
y hasta el silencio de mi olfato
cuando el aire lleva algo de ti.
Y aun así,
siempre me sentí un monstruo.
Uno de esos que no saben amar,
que esconden sus escritos
como si sentir fuera un pecado,
como si alguien roto
no tuviera derecho
a pronunciar la palabra “amor”.
Porque, ¿qué hace alguien como yo
enamorando a alguien como tú?
Si en ti la belleza florece sola,
si hasta la ternura parece haberte elegido
como refugio.
¿Y qué hace alguien tan destruido
dejándose amar?
Yo,
que camino con el mundo derrumbándose dentro,
que llevo la mirada clavada en el piso
porque mi cabeza ya no sabe
ni cómo sostenerse en alto.
A veces pienso
que todos ven lo hermoso que escribí
sin saber
que un día se volvió realidad.
Que detrás de cada verso
había un monstruo temblando,
uno que gritaba por dentro
con miedo de ser visto,
con miedo de tocar algo puro
y arruinarlo.
Pero entonces llegas tú…
y unos brazos
consiguen lo imposible:
silenciar el ruido,
calmar la bestia,
hacer que hasta alguien como yo
quiera quedarse vivo
dentro del amor.
Akua.
-
Autor:
R. (
Offline) - Publicado: 21 de mayo de 2026 a las 20:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: RIVAS JOSE

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.