Hoy llegué

Añe Ñandu'i

Hoy llegué al lugar donde habías estado.

Me instalé en tu silla, miré a los ojos a tu legado. 

Que pesadumbre, atrocidad, estocada al corazón. 

¿Fue por causa de los años que tu ánimo cayó?

¿Hubo siquiera un tiempo

en el que algo de todo esto te importó?

¿Cómo pudiste mirarlos a ellos, conocerlos, 

y aún así otorgarles a ellos

la peor traición para nuestra profesión?

¿Cómo pudiste cometer tal negligencia

hacia corazones llenos de pasión?

¿Cómo es que siquiera seguís teniendo cara

para dejar que te sigan llamando como te llaman, 

recibiendo el honor que les arrebatás, 

seguir percibiendo por lo que callás?

 

Ayer llegué al lugar donde habías estado. 

Encontré todo hecho trizas, maltratado. 

Un espejo, un vidrio roto, una tapa abollada, 

la puerta forcejeada, un agujero en su fachada. 

Me encontré con tu imagen, desasosegada. 

Tus ideas, pensamientos, conocimientos, 

lo derramaste todo en el barco que abandonaste

sin haberte siquiera tomado el tiempo

de prenderle fuego.

 

Hoy llegué del lugar de dónde habías estado. 

Me instalé en mi silla, contemplé que soy tu legado.

Que pesadumbre, atrocidad, estocada al corazón. 

¿Es mi condena maldecir día con día

con agradecimiento los dones que me heredaste?

Nace en mi, por causa tuya, la convicción. 

De reparar en mí,

día con día, 

los errores que cometiste en vos.

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