Hoy llegué al lugar donde habías estado.
Me instalé en tu silla, miré a los ojos a tu legado.
Que pesadumbre, atrocidad, estocada al corazón.
¿Fue por causa de los años que tu ánimo cayó?
¿Hubo siquiera un tiempo
en el que algo de todo esto te importó?
¿Cómo pudiste mirarlos a ellos, conocerlos,
y aún así otorgarles a ellos
la peor traición para nuestra profesión?
¿Cómo pudiste cometer tal negligencia
hacia corazones llenos de pasión?
¿Cómo es que siquiera seguís teniendo cara
para dejar que te sigan llamando como te llaman,
recibiendo el honor que les arrebatás,
seguir percibiendo por lo que callás?
Ayer llegué al lugar donde habías estado.
Encontré todo hecho trizas, maltratado.
Un espejo, un vidrio roto, una tapa abollada,
la puerta forcejeada, un agujero en su fachada.
Me encontré con tu imagen, desasosegada.
Tus ideas, pensamientos, conocimientos,
lo derramaste todo en el barco que abandonaste
sin haberte siquiera tomado el tiempo
de prenderle fuego.
Hoy llegué del lugar de dónde habías estado.
Me instalé en mi silla, contemplé que soy tu legado.
Que pesadumbre, atrocidad, estocada al corazón.
¿Es mi condena maldecir día con día
con agradecimiento los dones que me heredaste?
Nace en mi, por causa tuya, la convicción.
De reparar en mí,
día con día,
los errores que cometiste en vos.
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Autor:
Añe Ñandu\'i (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 20 de mayo de 2026 a las 19:16
- Categoría: familia
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais, Scarlett-Oru, Pedro Novoa Pavon Novoa, Osler Detourniel

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