A mi Locura Hermosa

Baratza 02

 

[La Apoteosis de la Carne] 

 

Mi adorada mujer…

 

Siempre para mí serás aquella dama de los mil milagros... 

Mi santa, mi Locura Hermosa, donde el rezo se hace carne por toda la curvatura de tu boca. 

 

Porque obras milagros con mi pluma  

cuando creo que toda inspiración me ha abandonado,  

cuando la fe se ha secado como tinta vieja  

y el corazón parece un pozo sin fondo.  

Basta unas cuantas palabras tuyas,  

como bendiciones que caen del cielo,  

para que mi tintero vuelva a llenarse  

de sangre caliente y negra,  

para que la pluma tiemble  

como un cuerpo poseído  

y empiece a sangrar versos.

 

Doy gracias y rezo un rosario solo a ti,  

mi Santísima de los poetas afligidos, 

pero llenos de devoción. 

Eres mi Patrona,  

a la que elevo mis plegarias y mis versos más más castos y obscenos. 

 

Siempre seré tu fiel devoto; 

el acólito, donde mi santa obre sus milagros. 

 

Pero de santa no tienes nada  

cuando te encuentras en el filo del umbral

que lleva a mis aposentos donde se pierden

los hábitos y se ungen los del cuerpo sacro. 

 

Cuando por tu ser se deslizan aquellos hábitos  

por el suelo como pieles muertas,  

y dejas ver en todo su esplendor  

la eucaristía de tu cuerpo desnudo,  

ese altar vivo, tibio y palpitante  

donde tu piel brilla como mármol mojado  

bajo la luz de una sola vela.

 

Cuando como de tus labios  

con hambre de hereje,  

y bebo de tus senos  

tal cual el pan y el vino dionisiaco,  

cuando tomo la hostia caliente  

de tu boca abierta y la desago con mi lengua serpiente, entonces ahí, 

todos mis pecados son redimidos  

en un solo acto de comunión profana y sagrada.

 

Ya no eres mi santa en la cama.  

Ahora te has convertido en mi salvación carnal.  

Al tenerte entre mis brazos soy salvo.  

Me arrancas con tus piernas del purgatorio  

y me elevas a las alturas,  

limpias todos mis faltas, mis pecados  

con tu lengua que recorre mi cuello,  

con tus senos que se derraman sobre mi pecho,  

con tu sexo húmedo y ardiente  

que se abre como una flor carnívora  

para tragarme entero hasta que nazca un Hieros Gamos, una Coniunctio hecha con nuestra alquimia. 

 

Solo puedo rendirme a tus pies,  

besarlos, morderlos, adorarlos,  

mientras te penetro lentamente,  

como quien entra en un templo prohibido,  

como quien profana y santifica al mismo tiempo.  

Bendigo tu nombre y el mío.  

Bendigo la cama donde se consagra  

nuestro amor naciente y salvaje.  

Bendigo tu sexo fundido con el ángel y el demonio que abita en mí.   

Eres altar caliente y palpitante  

donde mi carne se vuelve verbo  

y el verbo se vuelve tu boca

donde horo

una y otra vez,  

más profundo,  

más húmedo,  

más desgarrante,

hasta sentir que nuestras lenguas se funden en una en un coito sagrado.

 

Dígnate, mi  Locura Hermosa, mi Santa.  

No podría existir más que una perfecta unión  

entre tu ser divino  

y tu fiel fauno hereje y poeta,  

entre tu cuerpo de diosa  

y mi boca de demonio  

que te devora  

como si el paraíso  

estuviera entre tus piernas.

 

Amo la manzana tanto como te amo a ti,  

mi Adoración.

 

Siempre tuyo…  

en el milagro constante  

de tu cuerpo abi erto  

y mi alma arrodillada,

 

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