Es curioso cómo la vida
a veces nos deja en lugares
que parecen equivocados,
justo cuando el alma necesitaba
aprender algo parecido a la luz.
Quizá ahí descansa la gracia:
no en que todo sea perfecto,
sino en que incluso lo incierto
trae una forma secreta de cuidado.
Encontrarte fue uno de esos pasajes
que no se explican con relojes.
Breve, sí,
pero hay instantes que no obedecen al tiempo:
cinco minutos pueden abrir una casa,
una palabra puede salvar una tarde,
una mirada puede recordarle al corazón
que aún sabe estar vivo.
Te amo de una forma tranquila,
aunque por dentro tenga mares.
No como quien pide quedarse,
ni como quien levanta una puerta
para que otra persona entre obligada;
te amo como se cuida una luz
cuando se sabe que también necesita aire.
No te espero como una condena,
ni pongo mi vida de rodillas
frente a lo que todavía no puede ser.
Pero si alguna vez soplo un diente de león,
pediré bajito, sin ruido,
que la vida nos encuentre de nuevo
en un momento más amable,
donde ninguno tenga que romperse
para poder tomarse de la mano.
Y si ese día no llega,
que al menos quede limpio
lo que fuimos:
una forma de ternura,
una casa sin paredes,
una música breve
donde dos almas cansadas
recordaron que todavía podían sentirse amadas.
Extrañaré ciertas mañanas,
ese modo de decir alegría
como quien abre una ventana.
Pero aprendí que la alegría
no siempre depende de una presencia;
a veces queda en las palabras,
en los ojos que una vez supieron mirar,
en el calor sencillo
de haber sido cuidado.
No juzgo tu distancia.
Hay vidas que pesan,
hay dudas que no nacen de la falta de amor,
sino del miedo a creer
que algo tan tierno pueda ser cierto.
Y aun así,
que nunca dudes de esto:
mereces ser querida con calma,
con respeto,
con manos que no reclamen,
con una voz que no invada,
con alguien que sepa entrar a tu vida
como se entra a un templo:
sin romper nada.
Hay un hogar de los dos que quizá no tuvo paredes,
pero existió un momento
en la memoria.
Un lugar hecho de música,
de pequeñas conversaciones,
de una niña luminosa,
de una mujer que aprendió a sostener el mundo
aunque a veces el mundo no la sostuviera.
Me siento orgulloso de ti.
De tu fuerza,
de tu ternura,
de esa forma tuya de seguir siendo luz
incluso cuando el día se vuelve difícil.
Y aún quedan pensamientos
que quisieran volverse poema,
no para buscarte,
sino para agradecerte.
Porque así como Adhara convierte
sus pequeños garabatos
en una forma limpia de mundo,
tú te volviste, sin saberlo,
mi manera más honesta de hacer arte.
No porque seas mía.
No porque debas volver.
Sino porque algunas personas
tocan una parte tan honda de la vida
que después todo lo escrito
aprende a parecerse un poco a ellas.
Si alguna vez los números terminan,
si alguna vez el silencio pesa,
si alguna vez necesitas recordar
que no todo cariño pide algo a cambio,
que esta certeza te acompañe:
hay afectos que no encadenan,
solo bendicen.
Hoy dejo este deseo
como un diente de león en el aire:
que la vida te cuide,
que la paz te encuentre,
que tu risa vuelva sin miedo,
que todo lo bonito
también aprenda tu nombre.
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Autor:
Amores para conservar (
Offline) - Publicado: 20 de mayo de 2026 a las 12:10
- Categoría: Amor
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
Tiene una gran madurez emocional y una voz muy contenida, sin exageración. El poema sostiene una ternura clara pero no dependiente, y eso le da fuerza.
Funciona especialmente bien la mezcla entre lo íntimo y lo reflexivo: no se queda solo en el desahogo, sino que transforma la experiencia en comprensión. Imágenes como el diente de león o la luz aparecen con naturalidad y refuerzan el tono sin sobrecargarlo.
En conjunto, es un texto sereno, cuidadoso y muy bien equilibrado entre amor, despedida y gratitud.
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