Este a quien ves un poco medio abatido, es un cauteloso engaño a tus sentidos, que ha vencido el tiempo, que fue un admirador de tu hermosura y de ese bello rostro que bendigo, que al final triunfo en la vejez y en el olvido
De las tribulaciones del pasado, madrugando hasta la aurora, sin ser de nadie y sin pensar en nada, prendido de un sueño roto, ahora un nuevo amanecer en el que se habre el cielo para mí y hasta las estrellas puedo alcanzar que hablan de amor y de esperanza
En el entretanto aprendí ya tarde lo se, lo importante que era vivir de tu cariño, de darte en abundancia besos matinales, de preparaté el desayuno y que una flor fuera parte de tu menú.
Ignoré por mucho que el hogar no debio de ser tu cautiverio, ni de restrigir tu vanidad, que debi de promoverte alas para que volaras por tus sueños, de quererte pensante, no como un simple objeto decorativo, para que fueras la mujer que estuviera a mi lado, para que brillaras con luz propia por que tarde al final di cuenta de lo que había perdido
Por eso digo que este a quien vez aquí un poco abatido es por la nostalgia de tu presencia a mi lado, que ha vencido el tiempo por que a triunfado en la vejez y en el olvido, por que me quedo en la memoria el 10 de febrero cuando tus ojos y los míos por primera vez se vieron, cuando bailando nos dimos el primer beso, cuando nacieron la razones por las cuales aún te amo
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Autor:
TIJUANO DE BRAVO (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 20 de mayo de 2026 a las 02:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 17
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, WCELOGAN 🔛, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Sheilo Sanz, El Hombre de la Rosa

Offline)
Comentarios1
Este texto posee una profunda carga emocional y reflexiva. Más que un poema de amor, es una confesión tardía marcada por el arrepentimiento, la madurez y el reconocimiento de los errores cometidos. La voz poética evoluciona desde la nostalgia hacia una comprensión más humana del amor: ya no como posesión, sino como acompañamiento, libertad y admiración mutua.
Destaca especialmente el pasaje donde reconoce que el hogar no debía ser “cautiverio”, sino un espacio para que la mujer pudiera “brillar con luz propia”. Esa autocrítica le da una dimensión sincera y contemporánea al texto. El cierre, evocando el primer encuentro y el nacimiento del amor, resulta muy conmovedor y deja una sensación de memoria viva que resiste incluso al tiempo y al olvido.
Gracias por tus palabras y comentarios, por tu opinión de la comprensión de mi prosa y de su narrativa
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