Aldea

Espantapájaros

Llegar a la aldea

reconocerse rozando los hocicos,

mover el júbilo de rabo,

y aullar a la luna

en toda su redondez.

 

Encender los faroles

que conducen a la guarida,

y saludarse de presagios,

meneando las siluetas,

gozando la desnudez.

 

Dar inicio a la fiesta

de huellas profundas,

pasos de arena

en tiempo fugaz.

 

Jadear la carrera

que lleva a encontrarte,

banderas de manchas

que perciben

sin ver.

 

Y así,

sacudir las orejas,

el cuerpo

la algarabía,

y dejar que vida sea

esa vela encendida,

ese fuego que convoca,

en la tibieza de tu piel.

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