EL JARDÍN DESPUÉS DE LA LLUVIA

José Antonio Artés

Hubo un tiempo
donde mis pensamientos caminaban descalzos
por senderos de barro y silencio.

Miraba el mundo
con los ojos cansados
de quien ha conversado demasiadas veces
con la tristeza.

Y donde otros descubrían jardines,
yo apenas alcanzaba a ver
charcos detenidos,
ramas vencidas.

Sin saberlo,
vivía encerrado
en la oscuridad de mis propios pensamientos,
muros levantados lentamente
con ladrillos de miedo,
de dudas,
de ausencias.

Hasta que un día llegó la lluvia.

No vino haciendo ruido.
La vida casi nunca anuncia
sus verdaderos milagros.

Llegó despacio,
cómo se acercan algunas personas
para ofrecerte afecto,
o esas palabras sencillas
que terminan alegrándonos el día.

Y la lluvia cayó.

Y lavó la tierra.

Y lavó también mis ojos.

Entonces ocurrió algo inesperado:
donde antes solo veía barro,
empezaron a nacer colores vivos
sobre el temblor brillante de las hojas,
y cada rama parecía susurrarme
que aún quedaban primaveras
esperando florecer dentro de mí.

Comprendí entonces
que la alegría no siempre llega corriendo,
ni entra por la puerta grande.

A veces aparece despacio,
como un jardín después de la lluvia.

 

José Antonio Artés Sánchez

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