Siempre fue mayo bendito
siempre fuiste tú,
tus bellos ojos,
tú y siempre tú.
Entonces comprendo,
no eras un encuentro, eras mi destino;
no eras un sueño, eras la puerta
por donde mi alma volvió a sí misma.
Bendito mayo, cuando tus ojos cafés me hallaron,
mirada imponente, que mi destino trazó,
labramos y sembramos en tu tierra prometida,
divino mayo, que tu vientre nos reveló,
hoy floreces dando un soplo de vida,
de nuestro inesperado amor sin medida.
Ese brillo de vida nuevo, en tus ojos café
no pertenece al mundo, parece nacer
de un fuego primero, anterior al tiempo,
encendido en silencio en el firmamento,
del interior de vientre lleno de Fé.
Ese diez de mayo fecha sagrada
algo en el universo quedó pronunciado,
como si el cielo, al tocar tu mirada,
hubiese entendido su propio milagro,
donde latente una línea consagrada,
tenue aparecía ante nuestra mirada
la bienaventurada noticia nos ha regalado,
tu vientre concebido, un milagro anunciado.
Y tú sonrisa ahora más única, intacta
no es solo gesto, es matriz de lo eterno;
cáliz abierto en mitad del invierno,
puerta encendida en la noche más alta.
No eres solo mujer, eres mi templo.
eres tierra fecunda, sacerdotisa del alba,
arca que guarda el secreto del tiempo,
carne donde el amor se vuelve palabra.
Llevas en tu vientre la prueba absoluta,
el fruto visible de lo invisible,
la forma tangible de aquello imposible
que dos almas que soñaron y que hoy vive.
Tu vientre no es solo vientre, es altar,
es círculo santo, es centro y comienzo,
es la curva donde aprendió el universo
que amar también puede significar procrear.
Floreces, pero no como florecen las rosas,
floreces como el incienso que asciende,
como la estrella que nunca se apaga,
como el agua secreta que al alma sostiene.
Y yo, que tantas noches vagué en mis abismos,
buscando respuestas entre sombras y ruinas,
te encontré como quien encuentra un himno
escrito por Dios en la piel de la vida.
Dama de mi luz, reina de mi alma,
tu nombre en mi pecho no conoce derrota;
ni el tiempo, ni el miedo, ni la muerte lo tocan,
porque nació donde nacen las llamas.
Porque tú no llegaste, siempre estuviste,
antes del verbo, antes de la carne,
antes incluso del deseo y la sangre,
ya eras la forma que mi espíritu perseguía.
Y hoy comprendo, mirándote plena,
que el cielo puede ser pequeño a tu lado,
el verdadero milagro no habita en lo alto,
vive en tu vientre, florece en tu entrega.
Florecer de mayo, perpetua azucena,
amor hecho carne, eternidad encendida,
sí existe un nombre para lo divino,
tu nombre es y lo he pronunciado
en silencio mi vida antes de ser procreado.
Dama, eres mi luz, danzas eternamente en mi alma,
si algún día el mundo decide abandonarme,
el fruto bendito de tu vientre y tu amor infinito
serán la última palabra que sostenga mi existencia.
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Autor:
Xavier Corea (
Offline) - Publicado: 17 de mayo de 2026 a las 17:38
- Comentario del autor sobre el poema: Dedicado a mi bella Esposa y a nuestro fruto en su vientre
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z.
- En colecciones: A Francis Castro Martínez.

Offline)
Comentarios1
Un mayo florecido permanece en su poema querido Xavier.
Un fuerte abrazo.
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