No te pude salvar

Bruno Gatica 1

A veces pienso que lo más cruel de perder a alguien no es la ausencia en sí, sino descubrir que el mundo nunca se detiene para acompañarte en ella. La gente sigue despertando temprano, comprando pan, riéndose en las banquetas, haciendo planes para el fin de semana, mientras dentro de uno ocurre una especie de derrumbe silencioso que nadie más puede escuchar. Hay algo profundamente solitario en ver cómo todo continúa intacto cuando por dentro sientes que una parte completa de tu existencia acaba de morir.

 

Durante mucho tiempo creí que lo nuestro tenía algún significado más grande. No hablo del amor común que termina desgastándose con los días, sino de algo más extraño, más oscuro, como si hubiéramos llegado a la vida arrastrando una herida compartida desde antes de conocernos. Te miraba y sentía que había algo inevitable en ti, algo que me llamaba incluso cuando intentaba alejarme. Pensaba que ciertas personas nacen destinadas a encontrarse, aunque sea para destruirse un poco.

 

Ahora ya no estoy seguro de eso.

 

Creo que a veces confundimos intensidad con destino. Hay personas que no llegan para quedarse, sino para despertarnos partes dormidas del alma y luego irse, dejando la puerta abierta para que uno tenga que vivir con todo lo que descubrió después. Tú fuiste eso para mí. No una promesa eterna, no una salvación, sino una grieta. Un lugar por donde entró la luz y también todo aquello que después me costó años intentar comprender.

 

Lo más difícil fue aceptar que yo no podía salvarte de ti misma, pasé demasiado tiempo creyendo que amar era suficiente para sostener a alguien, como si el cariño pudiera impedir que ciertas personas se hundieran dentro de sus propios abismos. Pero hay dolores que uno tiene que atravesar solo, hay batallas internas donde ninguna mano externa logra entrar del todo.

 

Y aun así, te amé.

 

Te amé con esa clase de amor que vuelve sagradas las cosas pequeñas: una llamada de madrugada, el cansancio en tu voz, la forma en que te quedabas callada cuando algo te dolía y no sabías cómo decirlo. Creo que lo verdaderamente devastador del amor no son los grandes finales, sino esos detalles mínimos que permanecen vivos mucho después de que la persona ya no está.

 

A veces extraño incluso la incertidumbre, esa etapa donde todavía te estaba buscando, donde todo parecía posible y el deseo mantenía encendida cierta ilusión. Porque hay una verdad incómoda que uno aprende demasiado tarde: muchas veces el anhelo tiene más belleza que la realidad, mientras algo permanece distante, nuestra mente lo vuelve infinito. Lo llena de significado, de esperanza, de perfección, pero cuando finalmente lo alcanzamos, descubrimos que también era humano, limitado, frágil.

 

Y entonces aparece esa tristeza extraña, difícil de explicar, no solo extrañas a la persona; extrañas también quién eras mientras la perseguías, extrañas la versión de ti que todavía creía que ciertas luces nunca iban a apagarse.

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Comentarios +

Comentarios1

  • ElidethAbreu

    Que hermoso prosa querido Bruno.
    Ha sido un momento agradable leerla.Abrazos y gracias.



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