La flaca.

Dayanara Montalván

La flaca reía al mismo

tiempo que el Sol lo hacía,

jamás verás lágrimas caer

en sus ojos color pistachos,

siempre ha sido una mujer feliz.

 

Durante las madrugadas,

ella terminaba agotada,

pasar la noche con su amante,

era algo que la satisfacía,

aunque mentía de su virginidad.

 

La flaca usaba faldas largas,

que cubrían sus tobillos blancos,

debía mantener su pureza entre

la sociedad sofisticada, pero ella

era una maldita tentación andante.

 

Le importaba una mierda 

ser una puta en aprietos,

porque le atraía los hombres 

bien formados físicamente,

ser perfecta era su máscara.

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