En la noche más oscura,
donde el silencio reinaba,
callaron grillos y gallos,
la chicharra no cantaba.
En mi lecho sepultado,
un leve peso agobiaba,
como un humo silencioso
que a mi lado se asentaba.
Una mano larga y blanda,
que la piel me acariciaba,
recorrió todo mi flanco
despertando la desgracia.
Encendiéronse el deseo
y las ansias que abrasaban;
quise tocar la figura
que en la penumbra gozaba.
Mas la dama misteriosa
mi mirada rechazaba,
con un velo de oropeles
su semblante resguardaba.
Tomó mis manos cautivas,
guiólas a sus estancias,
para que yo recorriera
la belleza que ocultaba.
Subióse sobre mi cuerpo
con fuerza desesperada,
y en mis labios puso un beso
que mi pecho devoraba.
Fogosa y caliente llama,
delicia que me embriagaba,
gozaba yo del idilio
que mi juicio trastornaba.
Mas la duda rigurosa
al frenesí aventajaba:
¿quién es la oculta belleza
que mi boca vulneraba?
Zafé mis manos del lazo
que los dedos me amarraban,
para mirar aquel rostro
que la noche cobijaba.
¡Ay, madre, qué horror sostengo!
¡Qué espanto la luz amaga!
Una tez larga y marchita
con un verde que enmusgaba.
Ojos de malicia pura,
boca que infierno mostraba,
con sonrisa malévola
que mi sangre congelaba.
Cabello gris y castaño,
madeja mal ordenada,
recogido en una trenza
que del cuello le colgaba.
Un sayo de gris antiguo,
vestidura desgastada,
figura que parecía
de una pintura lejana.
Se detuvo la lujuria,
la pasión quedó truncada;
donde antes hubo delicia,
un gran pavor me quedaba.
Quise saltar del estrado,
huir de la sucia trama,
mas el espectro enconado
con fuerza me sujetaba.
Presa de férreos lazos,
mi defensa resultaba,
hasta que al fin desperté
y la visión acababa.
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Autor:
Cjb... (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de mayo de 2026 a las 10:38
- Categoría: Gótico
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, racsonando, Osler Detourniel, India de la Puente, El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z.

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