Pequeños dribladores

Robotín


AVISO DE AUSENCIA DE Robotín
Recapcha: Si soy un robot


¿Quién dice que el canijo no da la talla para alcanzar sus sueños? En un gueto, un potrero o una favela, crecen mirando el horizonte desde abajo, entre miseria y tiroteos, jugando a las chapas con casquillos de balas o a la rayuela en la silueta de algún desventurado pintada con tiza en la calle. Bajo la única ley de espabilar para comer algo más nutritivo que el plomo, aprenden pronto a ser escurridizos como anguilas, y mientras otros imponen el cuerpo, ellos se dedican a pulir el rayo:  mediante el amague electrizante, la cintura de humo o la gambeta chispeante, descubren que se puede salir del agujero negro mientras sus rivales quedan despatarrados en alguna nebulosa a ras de suelo. Así avanzan, regateando ruinas para encontrar el sustento sobre la bocina.

Licenciados con matrícula de honor en ingeniería de la superación, los pequeños dribladores no necesitan medir 2 metros para volverse enormes. Basta con una pelota cosida al pie o a las yemas de los dedos para alterar el orden natural del espacio. No necesitan entrenar para lograr el triunfo porque su objetivo es la diversión. Escapistas del entramado defensivo, se deslizan entre contrincantes como delfines en aguas turbias, bailando sobre el césped o el parquet con una insolencia casi divina, desafiando a cualquier coloso que se les ponga por delante. Porque la magia, cuando nace en los suburbios, se sobrepone al ilusionismo, y cada regate se convierte en revancha: contra el infortunio, contra la desventaja o contra las barreras de la vida. Su lucha es un trabalenguas; sus movimientos, trabapiernas.

Tal vez por eso emocionan tanto. Poraue cuando uno de esos cuerpos pequeños atraviesa la multitud y deja atrás a todos, no hablamos de un mero deportista, sino de espectáculo hecho carne. Como si el niño más pequeño de cada calle pudiera, de pronto, hacerle un caño al destino. Y entonces el potrero, la cancha descuadrada o el gueto entero sintieran que es posible driblar a la marginación.

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