¿Qué será la muerte?
Me lo he preguntado en estos días, mientras el silencio responde
con un eco que no entiendo.
Algunos dicen que es una dama de negro
que camina a tu lado sin prisa,
otros que es la puerta
hacia algo más grande que nosotros.
Yo no sé quién es,
ni qué rostro lleva.
Pero no la siento mala.
Sé que toma el alma
y deja un cuerpo inerte,
frío, liviano,
como si el dolor también se fuera con el aire.
No sé si es el final,
pero sí sé
que detiene el sufrimiento.
Y en eso,
hay compasión.
A veces llega tarde,
y eso duele.
Porque la enfermedad no espera,
la enfermedad desgasta, rompe, arde.
He sentido su presencia
casi al ritmo de mi respiración,
cercana, firme,
imposible de ignorar.
No la odio,
pero me asusta.
Tiene una fuerza extraña,
una belleza que no se deja controlar,
y si escuchas con atención,
parece susurrar tu nombre.
Espero que, cuando llegue mi hora,
o la de quienes amo,
sea amable
y llegue rápido.
Que no deje espacio
al dolor innecesario,
que no abandone en manos
de la enfermedad.
La muerte es compasiva,
la enfermedad no.
Por eso la respeto,
por eso la admiro:
no distingue,
no juzga,
habla todos los idiomas
y entiende todos los silencios.
No me gusta sentirla cerca,
ni verla tocar a quienes amo,
pero agradezco
cuando muestra misericordia.
No vengas aún,
no es tiempo.
Pero cuando vengas,
hazlo sin demora,
llévame contigo
antes de que el dolor me alcance.
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Autor:
Marian Lucio (
Offline) - Publicado: 15 de mayo de 2026 a las 21:48
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez

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