Estos tiempos son ya
De expresión
Torsionada,
A la espera de que
Los recuerdos
Vuelvan de
La memoria guardada.
Prestar atención es, hoy y en estos tiempos, el súper poder más grande de la humanidad, ya no todo el mundo, más bien casi nadie, es capaz de hacerlo: prestar atención. Por este motivo ya no hay opiniones cuasi válidas, todo es un repetir de lo que se oye, de lo que se lee y en este sentido si lees o escuchas de asuntos insignificantes dirás insignificancias y escribirás absurdos de altísimo consumo.
A la gente le jode, muchísimo, que le digas las verdades de manera pública, se ofenden; la cuestión es por qué. En aquellos años, finales de los 50 y avanzados los 60, aquella costumbre, que aún recuerdo, de ir en burros, la mayoría de ellos ya viejos, se volvió de pronto cansina, antigua y casi antiestética de repente; fue cuando empezaron a aparecer los primeros coches a nivel casi general en las calles de los pueblos y las pequeñas ciudades, la casi totalidad de ellos de color negro, como si fueran que ellos también guardaban el luto eterno de la época, como así también ocurría con todas las personas y todas las familias; era una cuestión de la guerra acabada aunque se seguía con los miedos, la represión y las persecuciones.
De aquellos años también recuerdo de una tarde de domingo en que un chófer de aquellos coches negros estuvo a punto de atropellarnos a mi madre y a mí que me llevaba de mano, yo tendría seis años y fue en una curva a la salida de la ciudad de Guía, en el norte de Gran Canaria. Durante muchos años recordé aquel hecho y más años aún el lugar exacto dado de que en aquella curva y junto a un barranco que bajaba de más arriba en la isla había en la pared un mural de ladrillos de vivos colores con el escudo de la España fascista de entonces y con una tétrica frase que decía “Por Dios y la Patria, España”: Hacía mención a los muertos o asesinados en la zona en tiempos de la ya lejana Guerra de la también lejana España de 1936, de la que yo había nacido justo veinte años después.
Aquel chófer del coche negro, con matrícula de tan sólo 3 números, era un médico muy conocido de entonces (lo supe años después gracias a la memoria de mi abuela materna, Damiana Ríos, que hasta el final de sus días, murió con 96 años, era capaz de recordar los nombres y apellidos de todos los vecinos de la zona), ya que en aquellos tiempos eran muy pocas las personas que tenían coche propio. Fue, era, un médico que tenía una muy profunda y siniestra autoridad política, sacerdotal y hasta militar. En aquellos años a esta gente más que respeto se le tenía miedo, igual ocurría con el cura de la Atalaya de Guía, barrio vecino de la zona en la falda del volcán de Ajódar, del que se decía, porque se sabía, que en ocasiones impartía misa con un revólver bajo la sotana: Eran aquellos años.
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Autor:
Nkonek Almanorri (
Offline) - Publicado: 15 de mayo de 2026 a las 17:13
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: AZULNOCHE

Offline)
Comentarios1
Todos, quieren captar nuestra atención,
es un bien en alza, codiciado, un superpoder como dice, es otra de nuestras cualidades humanas, que por intereses, nos quieren arrebatar.
Qué memoria más brillante, cómo recuerdas todos los detalles ...
Un saludo!
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