Así hablaron Roew Nua Leamas y Oirasor Dormin, sentados uno frente al otro
Bajo el cauce del origen hiperbóreo, más acá de la Plaza Macrocósmica.
La Rueda del Samsara
I
En la rueda, el hombre está a la altura del Sol
pero aún no conquista su humanidad
Debe pasar de mineral a vegetal
Y de animal a humanoide
Debe girar o retroceder, según sea su evolución o involución
Su evolución será la huella de su esencia
Y aprenderá la ciencia que rige cada elemento
Solo la revolución de la consciencia
Le permitirá el despertar del ciclo
El escape de la rueda, sin cesar.
II
Para salir de la rueda
Tendrá que humanizarse, recobrar el alma
En tanto, las leyes siguen en movimiento
Para los dormidos
Quienes no están dispuestos a morir
Y matar su sueño
No podrán volver a vivir
Ni brotar luz propia en las tinieblas de la materia
Continuamente oscurecidos, seguirán girando, sin fin.
El rayo de la muerte
I
Hay una energía que cae cual rayo
Sobre la vida: es la muerte
Una explosión que reduce a cenizas lo vivo
Una energía que al cuerpo embiste
Y a la mente apaga
Al caer el rayo, más negro que la noche
El cuerpo se desconecta de su envase
Y el alma se libra de la materia
Lo que va al sepulcro es el cuerpo físico
El cuerpo vital y la personalidad
Pero la personalidad, cual fantasma
Permanecerá, negándose a su desaparición
Penando en lo inconsciente
Lo que continúa después de la muerte
Es la consciencia que se libera
El ego que la embotella
Y el recuerdo que perdura
En la acumulación del aprendizaje.
II
La muerte encierra su propio misterio
Los ángeles de la muerte
Parcas, moiras y nornas
Son los encargados de cortar el cordón de plata
Que une el cuerpo físico
Con lo sutil y lo astral
Los ángeles de la vida
conectan el alma extraviada
Con un nuevo cuerpo en subsistencia
Al fin, el último aliento del difunto
Se unirá con la exhalación del primer nacido.
III
El libro del destino puede leerse, nuevamente
Tras cada muerte, tras cada decisión
Cada nueva página inaugura
Un nuevo plano, una nueva existencia
Tras la descarga del rayo de la muerte
La consciencia y el juicio interno se liberan
Y el ego cae desmayado
Tan pronto como se recobre del desmayo
Tendrá el pensamiento del mundo
En el salón de los recuerdos
Observa la proyección de su vida
Analizando cada huella, cada paso
Su dharma interior le vigila y le juzga
Con pleno conocimiento de lo que fue
La esencia se somete a tres juicios:
El número de la vida
El peso del corazón
Y la medida de la energía
Cuando se le quite el velo de misterio a la muerte
La esencia estará lista y dispuesta
Para enfrentar el juicio de los juicios
Y el veredicto será inapelable
El veredicto determinará su destino
Volverá al mundo de la consciencia despierta
Retornará a la sensualidad del cuerpo
O descenderá de lleno al infierno de lo material
La muerte, cual rayo, habrá cumplido su fin último sobre la tierra
Caerá otra vez
Hasta que el nombre de los seres
Haya dejado de pronunciarse
Y su silencio allane el camino a la luz.
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Autor:
Salvador Galindo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de mayo de 2026 a las 13:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6

Offline)
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