Querido:

Marian Lucio

Querido:

 

Eres el amor de mi vida,
aunque a veces no sé si te amo
o si ya aprendí a sobrevivir dentro de ti.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque me llenes de inseguridades,
aunque me hagas sentir pequeña
frente a expectativas que jamás terminan.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque me asfixies lento,
robándome horas con mi familia,
con mis amigos,
con la persona que soñaba ser
antes de entregarte todo.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque cada vez que pides más de mí
mi vida gire ciento ochenta grados
y yo vuelva a decir que sí
como si no supiera irme.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque ocho horas nunca te basten,
aunque siempre quieras un poco más
de lo que queda de mí.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque todo lo que me das
se sienta insuficiente;
aunque mientras yo te entrego mis noches,
mis fuerzas y mis ganas,
tú me recuerdes que soy reemplazable,
que detrás de la puerta
siempre hay alguien más joven,
menos cansado,
mejor recomendado.

 

Eres el amor de mi vida
porque desde niña te soñé,
pero jamás imaginé
que fueras tan frío,
tan calculador,
tan experto en hacerme dudar de mí misma.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque me obligues a cambiar
más de lo que quería,
aunque me dejes noches enteras sin dormir
preguntándome
si mañana seguirás aquí
o si simplemente desaparecerás
dejándome vacía.

 

Eres el amor de mi vida,
aunque me hagas sobreesforzarme
para conservar algo
que ni siquiera sé si me quiere de vuelta.

 

Y aun así, querido trabajo,
cada mañana regreso a ti
como se vuelve a un amor tóxico:
con ansiedad en el pecho,
esperanza en las manos
y el corazón convencido
de que algún día
vas a elegir quererme
como yo te quise a ti.

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