Creí en ella más de lo que ella creía,
y así la traición, leve, se encendía:
darle en mi alma un sitial no ganado
fue abrir la puerta al huésped degradado.
Hoy el amor se vuelve mercancía
en manos de quien luce y nunca se vacía.
El burgués de ternura, traje y pose,
pacta con su reflejo y nada cose.
Su vanidad es crédito sin fondo,
especulación que infla lo que escondo;
el ego sube, igual que la inflación,
y el otro baja en muda devaluación.
La prepotencia, su valor añadido,
es la enemiga fiel de todo latido.
Cuerpos marchitos: dos almas que cargan
la razón rota, pues ya no anhelan
sino el lucro del gesto, el feudo vano:
un universo mudo y profanado.
Yo, que en lo viejo aún busco un flujo honesto
de tiempo apenas curvo en su propósito,
abrazo que no firma dividendos,
detesto la estirpe que al mirarse adentro
solo devuelve el eco de su hueco.
En estos tiempos de saldo y cálculo,
sentir es hoy un ultraje
para quien todo lo cifra y lo tantea.
Ojalá nunca ocupes el empleo
de mi desprecio, ya sin hemisferio:
tu curva envuelve apenas tu misterio,
de quien se ha formado sin talento.
Porque el amor no es bolsa ni es altura,
y quien lo cree así se asegura
la más perfecta ruina: estéril y fría.
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Autor:
Josephe, Denali, Dali. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de mayo de 2026 a las 14:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
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