Caminaba por el monte
donde el viento se perdía,
buscando aquel rastro dulce
de la que fue gloria mía.
Vi sentada en un peñasco
una sombra que cosía,
con aguja de amargura
y un hilo que no tenía.
—¿Qué haces allí, mi señora,
en la tarde tan sombría?
¿Por qué cortas el camino
de quien paz solo pedía?
Ella no miró mi rostro,
pero su voz me hería:
—No corto solo el camino,
corto el tiempo y la alegría.
Soy la que no tiene nombre,
la que al final te aguardaría,
la que no entiende de ruegos
ni de amores, ni de umbría.
—Déjame, Muerte, que vuelva,
que mi amor me aguarda viva,
que me ha puesto entre sus manos
toda su fe y su porfía.
—El tiempo ya no es tu dueño,
ni el sol que te conducía;
que se han quebrado los lazos
de tu vieja lozanía.
Me tomó por la cintura
con su mano seca y fría,
y al mirar hacia mi casa,
ya no vi lo que quería.
Solo vi un jardín de sombras,
una vela que ardía,
y el romance de mi vida
que el silencio deshacía.
—Camina, mi enamorado,
no busques más compañía,
que en el reino de los muertos
el amor es solo un guía.
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Autor:
Cjb... (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de mayo de 2026 a las 10:11
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Poesía Herética, Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., Sheilo Sanz

Offline)
Comentarios1
Muy bello poema.
Te invito humildemente a leer el mío.
https://www.poemas-del-alma.com/blog/mostrar-poema-824951
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