El desbordar de la libido

Leoness

No fue un encuentro, fue un incendio devastador,

sucumbimos a nuestros instintos sin piedad ni rezo,

surcando el santuario de la piel con el calor

de un beso que se muerde en cada abrazo.

 

Nos devoramos vivos, rompimos las formas,

derramando la esencia en un cauce desbocado,

allí donde el juicio pierde todas sus normas

y el sudor nos bautiza como un rito sagrado.

 

No hubo tregua en tus manos, ni en mis labios calma,

fue un asalto de fuego, un volcán desatado,

donde tu cuerpo y el mío, carne, sangre y alma,

se fundieron en un grito desesperado.

 

Tú te vertiste en mí, yo me fundí en tu aliento,

convulsionando juntos en el filo del exceso;

fue un amar platónico, puro consentimiento,

un asalto a las almas mediante el embeleso.

 

Esa burbuja hirviente, de sentidos en guerra,

testigo de cómo el espíritu se quiebra y se entrega,

fundimos nuestros cuerpos para dejar la tierra

y arder en esa noche que jamás se nos niega.

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