A veces la vida cambia
sin necesidad de grandes sucesos.
Basta una mirada,
una cercanía inesperada,
la leve sensación de que alguien
ha llegado hasta nosotros
para quedarse un instante más de lo previsto.
Y cuando aparece esa leve sensación,
acompañada de un temblor de anhelos
algo recorre el cuerpo,
erizando la piel
igual que el viento de la tarde
cuando atraviesa los árboles
después de muchos días de calor.
Es algo similar a un beso,
a una caricia,
o a esa forma silenciosa que tiene el deseo
de acercar dos soledades
que ya están cansadas de caminar solas.
Tal vez la serenidad de quien escucha.
Quizá esa ternura discreta
que poseen algunas personas
sin darse cuenta.
Entonces nace un puente entre dos seres,
hecho no de promesas,
sino de emociones compartidas,
de silencios cómodos,
de miradas que permanecen
incluso cuando ya no nos estamos mirando.
Se entiende que la esperanza
no siempre llega como un grito.
A veces aparece simplemente
disfrazada del roce de unos labios,
de una mano que busca otra mano,
o de la extraña felicidad de descubrir
que todavía somos capaces
de emocionarnos por alguien.
Y quizá sea eso el amor:
el dulce milagro
de volver a sentir luz
en lugares del alma
que creíamos apagados para siempre.
José Antonio Artés Sánchez
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Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de mayo de 2026 a las 16:47
- Categoría: Amor
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Osler Detourniel, Javier Julián Enríquez, JUSTO ALDÚ

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