Milagro Prestado

William Logan



Milagro prestado

 

 

A veces te miro fijo,

como res nueva al tren zumbando,

sin descifrar el estruendo,

pero sintiendo

que algo inmenso se arma.

 

Y me susurro, confiado:

¿este prodigio es mío de veras,

o lo soltaron los dioses

tras una juerga en las nubes?

Francamente, amor,

no soy el gallo galán del gallinero.

 

Traigo mañas de perro callejero,

errores más que pretextos torpes.

Y sin embargo,

allí estás tú,

clavándome los ojos como si fuera

bendición con patas,

no este tipo

que quema el agua al hervir.

 

Pienso: esto es rifa trucada,

o la fortuna de resaca,

borracha y tuerta.

Si fuera justo,

te ganabas otro premio.

No este que te teje un verso

y lo cierra con "¡carajo!"

porque sí.

 

Pero la rueda giró caprichosa,

hundió la mano en lo prohibido

y te pescó a ti,

envuelta en celofán chillón,

con letrero loco:

"Para el más guapo del barrio".

Yo, que no llego ni a la sombra

de esa promesa de papel,

firmé el recibo

sin chistar.

 

A ratos dudo si te merezco…

Pero si la vida la cagó conmigo,

no soy tan pendejo

de devolvértela.

Me planto aquí,

mirándote como peón lotero:

no capta cifras,

pero abraza el milagro.

 

Si es puro azar,

le debo ronda al caos…

porque entre tanto desecho mal armado,

me cayó lo único perfecto

que no supe construir.



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