Hay mujeres que aprenden a ser madres con el tiempo,
y hay mujeres como tú,
que nacieron con ese amor inmenso
guardado en el alma,
esperando el momento exacto para florecer.
El día que nuestra primera hija llegó,
aquel 6 de diciembre,
también naciste tú.
No solo nació una niña hermosa,
nació una madre valiente,
una mujer capaz de mirar al miedo de frente
y aun así decidir amar por encima de todo.
Recuerdo aquel momento
como una batalla entre la vida y la incertidumbre.
El dolor te abrazaba,
la angustia nos consumía,
y aun así, con esa fuerza que siempre te ha distinguido,
te aferraste a la vida.
Estuviste suspendida de un hilo,
tan cerca de partir,
tan cerca del silencio…
y aun así decidiste quedarte.
Te quedaste por ella.
Te quedaste por nosotros.
Y cuando el tiempo apenas comenzaba
a sanar aquella herida,
la vida volvió a ponerte a prueba.
Un año y medio después,
un 21 de agosto,
nuestra segunda hija estaba por llegar.
Y otra vez el destino quiso estremecernos.
Otra vez el miedo.
Otra vez la incertidumbre.
Otra vez esa línea tan delgada
entre la vida y la muerte.
Y tú, con una valentía
que todavía me deja sin palabras,
me dijiste algo que jamás olvidaré:
"Si hay que decidir, que nazcan nuestras hijas."
En esas palabras entendí
lo inmenso de tu amor.
Porque solo una verdadera madre
es capaz de amar así,
de entregar todo,
hasta su propia existencia,
por la vida de sus hijas.
Pero Dios estuvo de nuestra mano.
Nos sostuvo.
Nos cubrió.
Nos regaló el milagro.
Y hoy nuestras niñas corren, ríen, sueñan…
porque tú luchaste por darles la vida.
Hoy han pasado cinco años
desde que llevas con orgullo
el título más grande que una mujer puede tener:
Madre.
Cinco años de desvelos,
de abrazos que curan,
de paciencia infinita,
de enseñanzas, cuidados
y amor sin medida.
Eres una mujer hermosa,
de sonrisa que ilumina,
de mirada tierna,
de carácter fuerte
y corazón inmenso.
Eres mi mujer,
mi compañera,
mi apoyo,
mi refugio.
Pero sobre todo,
eres la madre extraordinaria
que nuestras hijas tienen la bendición de llamar mamá.
Hoy, en este Día de las Madres,
quiero agradecerte.
Gracias por cada lucha silenciosa.
Gracias por cada sacrificio.
Gracias por cada latido valiente
que diste por nuestra familia.
Te admiro más de lo que imaginas.
Te amo más de lo que a veces sé decir.
Y si nuestras hijas algún día preguntan
qué significa ser una gran madre,
solo tendré que señalarte a ti.
Porque en ti, mujer,
el amor encontró su forma más valiente.
-
Autor:
Luis de leon (
Offline) - Publicado: 10 de mayo de 2026 a las 23:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.