LA CURVA DEL HORIZONTE
Toma mi mano: ¡levántate!
No temas más, estoy aquí contigo.
Aquello que te duele lo comparto, pues
en el fondo tú y yo somos lo mismo.
¿Sabes una cosa? Nada está bien.
Ojalá todo fuese tan sencillo, ¿cierto?
Que uno pueda decidir no sentir nada
pero es imposible gobernar las tinieblas
que no conocen la claridad de nuestro verdadero deseo; porque nuestro
verdadero deseo es no sentirse así.
Y todas las personas lo saben:
algunas lo olvidan, otras lo descubren:
pero todas las personas lo saben.
¡Anda! Vamos a caminar, demos un paseo.
¿Hace cuánto que no escuchas el cantar
de las aves y la algarabía de las criaturas?
No me digas nada aún, disfruta el viaje.
(...)
¿Puedes ver el mundo desde aquí?
Dime cómo es. Dime si todavía
reconoces el reflejo del agua.
Si aun distingues por las noches
a los relámpagos de los reflectores.
Nunca olvides que en la sencillez
reside lo profundo, y,
que los pequeños gestos
hacen las grandes cosas.
Cada ser, cada elemento, cada [...].
¡no existe mayor belleza que lo auténtico!
Si ahora puedes ver al mundo desde aquí, sobre todo nunca olvides que todo esto
nos recuerda que somos amados y respetados.
No necesitamos ir al fin del mundo
en busca de respuestas, a través
de nosotros, solo a través de nosotros
somos capaces de contemplar la
«inmensidad» de nuestro «asombro».
Y en esa inmensidad: el amor.
-
Autor:
Mario (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de mayo de 2026 a las 23:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Scarlett-Oru, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.