Como cinta de lazo de amor te nombran,
blanca y pura pareces bajo tu gesto angelical;
pero a tus hijos, cual río que abandona su cauce,
los apartaste del pecho:
común y silencioso error fatal.
No todas las madres nacieron para abrazar la vida,
ni todas supieron arrullar el dolor;
algunas dejaron la cuna vacía
y el pan servido sobre la mesa,
mientras la ausencia crecía
como sombra en el corredor.
No te soñaban.
No te esperaban.
No querían contemplar
tus ojos pequeños buscando refugio,
ni tus manos aprendiendo a tocar la tierra.
No supieron ceñir tu ombligo,
ni dibujar tu sonrisa en la madrugada;
no hubo canciones de cuna,
ni leche tibia en el alba.
Fuiste hijo del silencio,
del frío y de la distancia.
Mala madre,
¿quién te cantará bajo la luna llena?
¿Quién escribirá versos eternos para tu memoria?
Nadie parece recordarte,
nadie aprendió a quererte
sin miedo ni condena.
Tus maletas fueron tu escudo
y el dinero tu amante más constante;
las promesas de días mejores
sirvieron de excusa para dejarlo atrás.
Y aunque el mundo las señala con dureza,
pocos preguntan de dónde nacieron sus heridas.
Porque también hubo niñas rotas
dentro de aquellas mujeres;
niñas criadas entre desdén y angustia,
presas de hienas y carroñeros,
muertas en vida sobre aceras indiferentes.
¿Cómo aprendería a dar ternura
quien jamás conoció la caricia?
¿Cómo sembraría flores
quien solo caminó sobre fango y ruinas?
No conocieron las estrellas,
ni el abrazo limpio de la primavera;
se bañaron de llanto
y durmieron cubiertas de tinieblas.
Hoy sabrás
que también existen madres no tan buenas;
casas vacías donde el eco reemplaza la risa,
jardines marchitos que nadie riega,
manos cansadas que tiemblan de culpa
y corazones que olvidaron sentir.
Pero aún queda, a veces,
la luz inmensa de un hijo
que ama sin tocar la herida,
que abraza sin llamar monstruo a la tristeza,
que no responde odio con odio.
Ella quizá te olvidó para sobrevivir
y nunca entendió cuánto dolía tu abandono.
Por eso hoy, si puedes,
abrázala mientras respira;
lleva flores a los rincones
donde jamás supo que podían crecer.
Perdona sus ojos sin ilusión,
sus palabras ásperas,
su manera rota de existir.
Porque aunque no comprenda la dulzura,
esconde una hiel
que nadie alcanzó a mirar.
Y tal vez un hijo que perdona
pueda sembrarla nuevamente en tierra buena;
tal vez los nietos le enseñen
el amor que ella nunca supo nombrar.
Quizá un día la lleven de la mano
a caminar junto al río,
a escuchar el crujir de las hojas secas
y entender, demasiado tarde,
lo que era un hogar.
Entérate:
también hay madres que no fueron buenas.
Rompe los muros antes de que la muerte calle todo.
Perdona su crueldad,
sus palabras que aún arden como espinas;
y sé mejor cada día,
sé mejor que el dolor que te heredaron.
Demuestra que llegaste al mundo
aun naciendo sin nido;
que no pudieron matarte
ni el frío, ni el granizo, ni el pan duro.
No eres huérfano de amor:
eres la más hermosa sinfonía de resistencia,
el milagro que sobrevivió al abandono,
la prueba viva
de que incluso entre ruinas
puede levantarse una flor eterna.
Hoy dedico estos versos
a las madres no tan buenas;
que Dios juzgue sus días
y tenga misericordia de sus tristezas.
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Autor:
Karencita (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 8 de mayo de 2026 a las 12:51
- Comentario del autor sobre el poema: Un sin número de testimonios recopilados en las aulas de niños con problemas de aprendizaje y de nutrición me dejaron una historia para contar. Si usted se identifica con algunas de mis letras , es tiempo de perdonar a ese ser llamado mamá.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 41
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Poesía Herética, Antonio Pais, El Hombre de la Rosa, Mael Lorens, Santiago Alboherna, Ferran Sorel, Llaneza, Lualpri, Osler Detourniel, Andy Lakota👨🚀, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez, ElidethAbreu, Rosario_Bersabe, Éusoj Nidlaj, Lincol, Violeta, Baltasar tarso, Tommy Duque

Offline)
Comentarios9
La poesia es un arte que envuelve la escritura de sabiduria Humana estimada Karen
Recibe un fuerte abrazo desde El Norte de España
El Hombre de la Rosa
Gracias mil.
uyyy q fuerte, pero q cierto tambn. Y muy triste. No es fácil perdonar eso ...
Así es ,amigo de letras .
Guaoooo...Leerte me sumergio a profundidades de mi nin̈ez... Es una hermosa alegoría a la carencias humana..
Karen, Gracias por estar aqui. Ferrán
Valoro su comentario, muchísimas gracias por su presencia..
En éste valle de lágrimas
existen seres que no debieron existir
madres que desdicen de su calidad de mujer
hijos que pagan el precio del abandono.
Contudentes y reales versos bella amiga
Con cariño
JAVIER
Gracias por el cariño Javier.. Bendiciones.
Un poema sobre hijos heridos que, pese al abandono y la dureza de sus madres, eligen perdonar, resistir y transformar el dolor en amor y esperanza.
Vaya todo bien por Ecuador,. cuídate.
Gracias mil, amigo.
Las madres nunca seremos perfectas.
Para saber si una persona es buena hay que ir mas lejos de sus acciones, motivaciones y circunstancias.
Si ha dado vida a hijos, es buena y las buenas madres nos equivocamos mucho.
Entiendo el sentimiento de los niños cuando solo tienen angelitos de orfandad.
Abrazos Karen.
Valioso comentario, gracias siempre.
Apenas pude llegar al final del poema, porque las lágrimas empañaron mis gafas.
Genial, a veces deberíamos ponernos los zapatos de otras personas para conocer sus pasos. Me encantó leerte.
Abrazos.
Mi bella poeta, ese fue mi caso y apenas pude terminarlo.
Pensé tanto para escribirlo ,pero al fin me atreví.
Y algunas rematan con que: "Discúlpame, yo no quise nunca ser madre"... Saludos cordiales y un abrazo, mi querida poeta.
Gracias amigo.
Un poema valiente y desgarrador. Rompe el mito de la madre perfecta para mirar de frente el dolor del abandono, pero también la posibilidad del perdón. No justifica, pero comprende: detrás de una mala madre suele haber una niña rota. Duele, pero sana.
Abrazos a la distancia.
Las excusas vienen de cobardes.
Así es mi amigo de letras duele y sana.
Gracias por estar aquí.
Lincol , gracias por su comentario y por leerme ,me alegra en gran manera.
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