Se levantan muros con piedras de plegaria,
un contrafuerte ciego ante el espejo,
donde la herencia, otrora necesaria,
se vuelve un eco amargo y un reflejo.
Hay un cortocircuito en la mirada:
el lazo familiar se vuelve grieta,
y la hermandad, de pronto transformada,
es una página en blanco... y secreta.
Se predica paz con el puño cerrado,
buscando en textos luz para su sombra,
el odio es un intruso disfrazado
que habita el templo y que nadie nombra.
Para no ver la grieta en su estructura,
prefieren el delirio a la humildad,
la mente inventa una nueva armadura
que llama "fe" a su propia crueldad.
El fanatismo es un filtro de escarcha,
un "nosotros" feroz, puro y distante,
que corta el puente y acelera la marcha
lejos del rostro del hijo o del amante.
El muro, no es de piedra, es de concepto,
el olvido, una poda de la historia,
la fe, un pretexto, un decreto,
que borra la empatía de la memoria.
Qué triste es el altar que se levanta
negando la raíz que lo sostiene,
la voz que reza pero no decanta,
es un corazón que odia, no se detiene.
-
Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 8 de mayo de 2026 a las 09:23
- Categoría: Sociopolítico
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.