El cielo canta en la mañana,
una luz suave
que parece eterna.
Todo en él respira calma.
Pero al caer la tarde
algo cambia
el azul se rinde lento,
y un rojo profundo
comienza a extenderse
como un secreto que ya no puede guardarse.
Una gota,
luego otra,
la luz se deshace
sin hacer ruido.
Desde lejos
sigue siendo hermoso.
Nadie diría
que está cayendo.
Hay algo en nosotros
que aprende de ese cielo:
arder en silencio,
sonreír mientras cede,
desvanecerse
sin dejar de brillar.
Miras al cielo
como si pudieras alcanzarlo,
como si aún fuera azul.
Pero ya cambió.
Y aun así
lo sigues llamando bello.

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.