LA LEY DEL PUEBLO

José Mario Calero Vizcaino

(o el poder de la sociedad)

No seas tan abstemio;
porque el pueblo puede darte un borracho,
y si el pueblo te da un borracho,
puede deteriorar tus hábitos de consumo
hasta que termines
en una clínica de rehabilitación.

No busques tanto acompañamiento;
porque el pueblo puede darte soledad,
y si el pueblo te da soledad,
puede herir tu derecho,
o tu necesidad básica,
de ser sociable,
hasta que termines convertido
en un ser solitario.

No seas tan bello;
porque el pueblo puede darte deformidad,
y si el pueblo te entrega el monstruo,
puede quebrar la armonía de tu apariencia
hasta que te avergüences de tus rasgos
y recibas rechazo social.

No seas tan cuerdo;
porque el pueblo puede designarte la locura,
y si el pueblo te nombra loco,
puede medicarte
hasta que pierdas la cordura
y acabes destinado
a una institución psiquiátrica.

No seas tan feliz;
porque el pueblo puede darte tragedia,
y si el pueblo te da dolor,
puede herir tu estado de ánimo
hasta verte retorcido en llanto
bajo un desenlace funesto.

No seas tan higiénico;
porque el pueblo puede darte infección,
y si el pueblo te da suciedad,
puede dañar tu piel o tus tejidos
mediante una invasión de agentes patógenos,
hasta que necesites
un tratamiento dermatológico.

No seas tan honesto;
porque el pueblo puede llamarte ladrón,
y si el pueblo te designa ladrón,
puede herir tu libertad
hasta que termines preso
o mutilado por la barbarie.

No seas tan inteligente;
porque el pueblo puede llamarte imbécil,
y si el pueblo te designa así,
puede herirte la mente
hasta empujarte
a la humillación y al descrédito.

No seas tan interesado en progresar;
porque el pueblo puede darte pobreza,
y si el pueblo te da pobreza,
puede despojarte
de tus pertenencias materiales
hasta dejarte en la calle.

No seas tan natural;
porque el pueblo puede llamarte falso,
y si el pueblo te designa falsedad,
puede herir tu personalidad
hasta convertirte
en actor de los deseos ajenos.

No busques llegar al poder;
porque el pueblo puede darte impotencia,
y si el pueblo te da impotencia,
puede frustrar tu proceso de superación
hasta dejarte
en el estrato más bajo.

No busques la popularidad;
porque el pueblo puede darte desdoro,
y si el pueblo te designa deshonra,
puede destruir tu reconocimiento social
hasta borrar tu reputación
y devolverte al anonimato.

No seas tan respetuoso con el sexo opuesto;
porque el pueblo puede llamarte violador,
y si el pueblo te designa así,
puede castigarte
hasta arrancarte, con violencia,
tu derecho más íntimo.

No seas tan sano;
porque el pueblo puede darte enfermedad,
y si el pueblo te enferma,
puede deteriorar tu salud
hasta inaugurar
el proceso de tu muerte.

No busques ser sencillo;
porque el pueblo puede imponerte artificio,
y si el pueblo te designa artificial,
puede herir tu sencillez
hasta hacerte sentir extraño
en tu propio ambiente natural.

No busques el sexo fácil;
porque el pueblo puede empujarte
a la prostitución,
y si el pueblo te conduce a ella,
puede aniquilar
tu impulso natural de buscar pareja
hasta dejarte enfermo,
solo
o destruido.

No demuestres tanto tu talento;
porque el pueblo puede darte incapacidad,
y si el pueblo te da incapacidad,
puede herir tu cultura
hasta apagar en ti
la voluntad de ejercitar el don.

No busques la trascendencia;
porque el pueblo puede darte miseria,
y si el pueblo te da miseria,
puede herir tu ascenso cultural, espiritual e intelectual
hasta que tu alma se extravíe
y acabes en el olvido social.

 

José Mario Calero Vizcaíno e Inteligencia Artificial

  • Autor: Orelac - el Arquitecto Verde (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 6 de mayo de 2026 a las 10:25
  • Comentario del autor sobre el poema: PREÁMBULO I En la mayoría de las estructuras familiares de poder que he observado en ciertas estirpes de liderazgo mexicanas, el padre otorga o cede paulatinamente el poder al hijo o a la hija. No importa tanto el nivel de educación o la experiencia profesional que una persona pueda tener; para llegar al poder importa, muchas veces, la clase social a la que perteneces y que en tu familia haya orden. En todos los organismos y en todas las organizaciones sociales existe una estructura de poder. El problema es que no en todas las familias hay orden. Hay familias ordenadas y hay familias desordenadas. Cuando hay orden, la alianza de poder entre padre e hijo resulta clara. Cuando no hay orden, simplemente no lo hay, y el padre intenta levantar a los hijos y a las hijas de su último matrimonio, porque son quienes conviven con él y con quienes siente vínculos afectivos más fuertes, dejando a los hijos y a las hijas de uniones anteriores un tanto a la deriva. Entonces la vida de esas personas que quedan a la deriva termina determinada por la ley del pueblo. Y qué decir de los huérfanos. Por eso me identifico, en parte, con la Iglesia católica, que solo permite un matrimonio en la vida, salvo en los casos en que se solicite la nulidad por causas adversas y justificadas. Cuando dos personas se unen y contraen matrimonio mediante un ritual en el que existen formalidades legales y la unión queda reconocida por la familia o por el núcleo social cercano de los cónyuges, es de suma importancia tener presente que no es fácil sostener esa unión durante toda la vida. El amor, que es el motivo principal por el que dos personas se unen, cambia de estado con el tiempo. Se modifican las motivaciones que mantienen a la pareja unida, y entonces entran en juego los valores con los que ambos deciden sostenerse, permanecer y fomentar el bienestar de la familia. Porque, cuando se analizan las virtudes y también las degeneraciones de mantenerse unidos o divorciarse, me parece que hay que hacer lo posible por preservar el orden y permanecer unidos por el bien colectivo de la familia, especialmente cuando hay descendencia. Para quienes desean formar una familia o ya viven en una relación conyugal, es importante no actuar desde el egocentrismo, sino pensar y anteponer el bienestar familiar, el del grupo social más próximo, al bienestar estrictamente individual. Solo así las parejas, y también sus descendientes, podrán desenvolverse en mayor armonía y con menos conflictos nacidos del desorden. Sin victimismo, pero sin renunciar a la verdad, he de decirlo: Me habría gustado nacer en una familia ordenada. ________________________________________ PREÁMBULO II Hace años, cuando era joven y realizaba mi servicio social en Mazunte, visitamos un criadero de cocodrilos en la laguna de Ventanilla, en Oaxaca, México. Allí observé una escena natural que me marcó para el resto de mi vida, porque me hizo comprender, de forma simbólica, cómo funcionan las familias, los grupos sociales y ciertos mecanismos de la sociedad. Para resumir: los cocodrilos estaban organizados por edad o fecha de nacimiento en recipientes rectangulares de plástico, que, en sección longitudinal, podrían describirse así: — un área húmeda, plana y profunda, que contenía agua; — una rampa que separaba y unía al mismo tiempo la zona húmeda y la zona seca; — y finalmente una plancha, o superficie seca. Los recipientes contenían a las crías con un borde perimetral que impedía su huida. La zona húmeda tenía el borde más alto, mientras que la plancha o zona seca tenía el borde más bajo. En la zona húmeda había unas pocas crías despistadas, refrescándose en el agua. En la rampa descansaban otras, también despistadas o cansadas, tendidas al sol. Mientras tanto, en la plancha seca, junto al borde perimetral menos alto, se concentraba, en una de las esquinas, la gran mayoría de las crías, intentando escapar. Ahora describiré cómo intentaban escapar. Como ya he dicho, la mayoría de las crías se reunía en una esquina de la zona seca, justo allí donde el borde perimetral era más bajo. Y allí tenía lugar un acto natural impresionante de búsqueda de liberación individual por medio de una amalgama grupal, donde el impulso innato de los animales consistía en dejar de estar presos, dejar de estar contenidos por el recipiente, y reintegrarse a su medio natural. Las crías se amontonaban formando una figura triangular tridimensional, contenidas por la superficie horizontal seca y por el ángulo que formaba el borde vertical del perímetro. Ese acto instintivo de búsqueda de libertad generaba un ciclo fascinante, con una sola finalidad: alcanzar la parte más alta del borde, aferrarse con las extremidades superiores, impulsarse con las inferiores y lanzarse hacia el pasto para después avanzar hacia la laguna y ganar la libertad. Esa búsqueda innata de liberación producía un CICLO DE ESCALADA Y CAÍDA. El ciclo de escalada y caída era así: Una cría escalaba con gran esfuerzo, con la fuerza individual de sus extremidades, apoyándose sobre los cuerpos de sus hermanos y hermanas, que permanecían amontonados y atrapados en una posición inferior del mecanismo de escape. Cuando esa cría lograba llegar a la cima, a la parte más alta de aquella pirámide viva, más cerca ya del borde y, por tanto, de la posibilidad de liberarse, la fuerza grupal generada por los animales que se hallaban debajo, todos buscando la misma posición superior, tiraba de ella con las uñas hasta hacerla caer otra vez a la base de la plancha seca. Entonces otra cría iniciaba su ascenso hacia la cima, y así, cíclicamente, en un acto continuo de búsqueda de liberación que, en realidad, mantenía a los animales encerrados y frustrados por el borde vertical del recipiente plástico. Aquel acto natural me demostró, metafóricamente, cómo funcionan los gobiernos, las familias, los grupos sociales y también las naciones. Afortunada o desafortunadamente, somos animales. Y aunque el ser humano se distinga del resto de las especies por su capacidad de raciocinio, la gran mayoría de las personas, como aquellos cocodrilos de Ventanilla que buscaban su libertad, persigue los mismos objetivos dictados por las normas sociales: las cimas, o la acumulación de bienes materiales, bienestar, dinero, poder, puestos, jerarquías sociales, salud, etcétera. Cuando se activan los deseos adultos de vivir intensamente y de convertirse en alguien reconocido dentro de la sociedad a la que se pertenece, entonces se necesitan valores; de lo contrario, se actúa como un animal y se vive de forma desenfrenada y sin orden, como un mal alpinista social. Desafortunadamente, la falta de valores en muchas estructuras sociales contemporáneas, unida al deseo feroz de ascenso, provoca la existencia de tantos malos alpinistas sociales, e incluso de criminales sin principios. Es necesario reevaluar las normas sociales para dar mayor equidad y calidad a la vida humana, y fomentar valores que permitan que los motivos de vida y la búsqueda de superación se desarrollen con orden, como corresponde a seres racionales, sin dañar a otros seres humanos pertenecientes a la propia familia, al núcleo social cercano o a la comunidad. Cuando las personas se dejan arrastrar por la falta de valores, por fuerzas como el dolor, el egocentrismo, la enfermedad, la envidia, la irracionalidad, la lujuria, la pérdida de fe, entonces se cometen crímenes y violaciones sociales irreparables. Entonces las sociedades terminan evolucionando por medio de la ley del pueblo. Y el pueblo puede ser: un individuo, un grupo, hasta convertirse en una sociedad. Y una sociedad, con su poder colectivo, puede dictaminar el destino de una persona.
  • Categoría: Sociopolítico
  • Lecturas: 12
  • Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Sheilo Sanz, El Hombre de la Rosa, Osler Detourniel
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