Nada sabe de amor
quien vuelve
vivo.
—Antonio Sánchez Zamarreño.
Morir,
darlo todo,
hasta la última
gota de la linfa,
desgastar hasta la rotura
las articulaciones,
exprimir hasta el incordio
ese motor rojo, incesante.
Vivir,
vivir muriendo
en el intento,
y que cada neurona,
cada sinapsis, exprese
toda la electricidad
que lleva en sí,
cortocircuitar el miedo,
y no hay mayor rédito
que dar hasta la última gota.
Morir, porque, de lo contrario
has perdido el tiempo,
y es que no importa el capital
agenciado en la apuesta, no,
importa, tan solo, que la piel
se haya rasguñado hasta enseñar
la carne interna, la herida caliente
de un morir entregado en la batalla.
Vivir muriendo, eso es solo
lo que vale, y evitar que la mente
te eche en cara —vuelto de la lid—
la suprema cobardía de reservar
bajo ninguna chistera una carta,
postrera, inutil, caduca ya,
amarilleada por el destiempo
—si no morimos por amor,
¿De qué, entonces, podemos morir?—
-
Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de mayo de 2026 a las 07:06
- Comentario del autor sobre el poema: O se está hasta el tuétano o mejor no.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.