LA RED VACÍA

Yamel Murillo



 

Qué triste debe ser el haber experimentado cualquier tipo de placer, de libertad y de dominio o derecho sobre personas, situaciones o circunstancias.


Haber logrado momentos grandiosos (aunque efímeros) y haberlos atesorado por encima de otros percibidos en menor importancia acerca de preservarlos.


Qué pena haber tenido el amor del universo literalmente en la palma de la mano. Haberlo palpado (aún sin dejarse abrazar por él),  blanco e inmaculado, o haber recibido toda su atención, todo detalle, todo anhelo y demostración de relevancia para lo inmerecido... hasta la mañana, la tarde, la noche o la madrugada en 'san quién sabe dónde' y que tu mente te juegue una broma pesada.

Donde te despiertes, y en el espejo no puedas reconocerte. Que mires cómo las marcas de tu frente, de tus brazos o tu rostro te cuentan la arruga de su razón, pero no tienes ni idea de cuál sea o de qué es lo que pasa. 

Que el ruido de la calle te sea molesto, lejano, cuando apenas ayer te decía su voz que la alarma estaba a punto de sonar. Que las manos que te socorrían durante el invierno ya no sepas ni a quién le pertenecen. 

Qué triste cuando estando todos no esté sino sólo uno, y entre tus ajenos ya no te quede ninguno. Negarlo a sabiendas que quienes se están escapando de tu recuerdo en realidad jamás estuvieron.

Qué triste tu olvido hacia ese amor ágape que te miraba chiquito en su temor desde su inmensa miniatura. 

¿Qué pasado te habría sido en el futuro? 

Qué pena soltar contra la voluntad sus instantes de devoción, de cobijo. Esos de los que aún tienes una sensación pequeña que se te va apagando. Que mires los ojos cristalinos de los que desean sujetarte y rescatar tan fuerte tu memoria, pero igual se vayan perdiendo en el afán de no dejarles ir, y luego, luego rotos se aferren a tus dedos. 

Una desgracia que mucho antes del final, la vida te detenga esa cinta y te grite: ¡para!

Risas cortas. Tiempo en despilfarro. Aparentes los afectos que de pronto se te escapan de las manos.

Qué triste estar impuesto a olvidar lo fugaz que tanta satisfacción te dio, pero lo miserable que resulta el terminar siendo un auténtico extraño, 
un extraño también para lo eterno. 

Que con la misma facilidad que vienen a tu mente, te llegue el viento y hasta el último grano de arena, una larga ola se lo lleve. 

¡Qué triste! Triste como la canción de esa historia...

Defendiste un mar tardío, por encima de tu pesca temprana. 

 

Yamel Murillo

 


A puerta cerrada©

Recopilación

D.R. 2023

  • Autor: Yamel Murillo (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 4 de mayo de 2026 a las 19:04
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 5
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais
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