ENTRE LO QUE SE QUEDA Y LO QUE DUELE

Luis de leon

Hay amores que no terminan cuando se dicen adiós.
Se quedan suspendidos,
como una canción sonando bajito en la memoria,
como el eco de una risa
que se niega a abandonar las paredes del alma.
Y tú fuiste eso.
La historia que llegó sin avisar,
la casualidad que se volvió costumbre,
la mirada que encontró refugio en la mía
cuando el mundo parecía demasiado frío.
No te busqué.
Te encontró mi destino
cuando yo andaba distraído,
creyendo que el amor era apenas una palabra bonita
que otros pronunciaban.
Pero llegaste.
Y contigo aprendí
que hay personas que no entran en la vida,
la transforman.
Aprendí el idioma de tus silencios,
la forma exacta en que sonreías
cuando algo te hacía feliz,
la manera en que tus ojos brillaban
como si guardaran dentro todos los amaneceres.
Contigo entendí
que amar era perderle el miedo al alma desnuda,
quitarse las máscaras,
dejar caer las defensas
y quedarse vulnerable frente al otro
sin sentir vergüenza.
Y eso hice.
Te entregué mis días,
mis pensamientos más puros,
las partes de mí que jamás había mostrado.
Te amé con esa intensidad
con la que solo se ama una vez:
sin medida,
sin reservas,
sin pensar en qué pasaría
si un día decidías irte.
Porque cuando uno ama de verdad
jamás calcula la caída.
Éramos fuego.
Éramos dos locos creyendo
que bastaba con quererse
para ganarle al tiempo,
a la distancia,
a los cambios que la vida impone
sin pedir permiso.
Y yo lo creí.
Creí que cada abrazo tuyo
era una promesa silenciosa.
Que cada beso llevaba escondido un “quédate”.
Que cada noche compartida
era una raíz creciendo.
Pero a veces el amor duele
porque uno ama distinto.
Mientras yo construía eternidades contigo,
quizá tú solo admirabas el paisaje.
Mientras yo te hacía hogar en mi pecho,
tal vez tú solo estabas de paso.
Y no hay herida más honda
que descubrir
que el amor que uno sentía inmenso
cabía apenas como un instante
en la vida del otro.
Cómo explicarle al corazón
que no siempre quien te hace sentir vivo
está dispuesto a quedarse.
Cómo convencerlo
de que no fue suficiente
cuando dio todo.
A veces me pregunto
si alguna noche me recuerdas.
Si al escuchar cierta canción
tu pecho se aprieta un poco.
Si al mirar la luna
vuelve a ti alguno de nuestros recuerdos.
Si alguna parte de tu alma
todavía guarda mi nombre
como yo guardo el tuyo.
Porque yo sigo aquí,
recogiendo pedazos.
Intentando enseñarle a mis manos
que ya no van a encontrarte.
Intentando explicarle a mis noches
que tu voz ya no va a romper el silencio.
Intentando aceptar
que hay personas que se convierten en recuerdo
aunque el corazón las siga llamando presente.
Y duele.
Duele saber
que te quise como se quieren los milagros,
mientras tú quizá me quisiste
como se quiere algo bonito
que inevitablemente se deja atrás.
Pero incluso con todo este dolor,
no me arrepiento.
Porque amarte me enseñó
que todavía era capaz de sentir profundo,
de entregarme sin miedo,
de creer.
Y aunque no me amaste
como yo esperaba,
aunque mi amor no encontró en ti
el mismo refugio,
sigues siendo la cicatriz
que más orgullo me da.
Porque hay amores
que no se quedan para siempre,
pero dejan una huella tan inmensa
que cambian para siempre
la manera de volver a amar.
Y tú fuiste eso:
mi lección más hermosa,
mi herida más sincera,
el recuerdo que todavía arde
cuando la noche se pone nostálgica.
Te quise
como se quiere lo imposible:
con el alma completa.
Y aunque nunca voltees,
aunque tu camino ya no cruce el mío,
habrá una parte de mí
que siempre te pertenezca.
Esa donde aún existe
la versión de nosotros
que sí se quedó.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis de leon (Offline Offline)
  • Publicado: 4 de mayo de 2026 a las 02:31
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.