Hay días en que el mundo necesita llorar y se convierte en lluvia para seguir siendo mundo, y hay momentos en que uno también necesita llorar para sentirse vivo.
Cuando veas la lluvia y te moje un poco, no corras de inmediato, deja que te alcance y refresque tu piel, deja que limpie y se lleve lo que pesaba y parecía quedarse para siempre.
Deja que sus gotas recorran tus caminos, y abre tus brazos con tu mirada al cielo, como quien espera y anhela un día nuevo para volver a pincelar momentos y recuerdos.
Mírala como si alguien, en algún lugar, abriera esa puerta invisible que necesitas para poder expresar, sin métodos, ni espacios, ni vergüenzas propias o ajenas, todo lo que no dijiste en algún momento.
Y es que la lluvia no siempre es tristeza, a veces es memoria que vuelve sin pedir permiso, golpeando suave el sentimiento que se aleja, como dedos que dudan antes de llama.
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Rafael Blanco López
Derechos reservados
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Autor:
Luis Rafael (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de mayo de 2026 a las 11:37
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Osler Detourniel, Antonio Pais, Antonio_cuello

Offline)
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