Especulación Inmobiliaria o Fondos de Inversión Buitre
En la ciudad que crece hacia el cielo,
con ventanas que reflejan promesas,
hay puertas cerradas sin dueño humano
y llaves que nunca abren hogares.
Las calles aún recuerdan risas antiguas,
el eco de niños corriendo descalzos;
pero ahora los muros tienen precio,
y el silencio se alquila por meses.
No llegaron con martillos ni planos,
no levantaron ladrillos con manos cansadas;
llegaron con cifras, con gráficas limpias,
con contratos que pesan más que la vida.
Compraron de golpe lo que fue de muchos,
lo que tuvo historia, lo que tuvo nombre,
y en hojas sin alma lo convirtieron
en activos, carteras, rendimientos.
Dicen que es progreso, que es eficiencia,
que el mercado respira mejor así;
pero hay algo roto en la ecuación
cuando vivir se vuelve un privilegio.
Una madre cuenta monedas en la mesa,
mide el mes en recibos vencidos,
mientras en torres lejanas y frías
alguien celebra otro punto porcentual.
Las casas ya no esperan familias,
esperan ofertas, esperan inversión,
y el barrio se vuelve un tablero
donde nadie conoce al vecino.
Hay luces encendidas sin nadie dentro,
balcones que miran sin ojos humanos,
y en cada ventana vacía
late una ausencia comprada.
Los llaman buitres, con rabia contenida,
no por el vuelo, sino por el momento:
cuando la tierra tiembla y todo cae,
ellos descienden, calculan, adquieren.
No ven ruinas, ven oportunidades,
no ven historias, ven depreciación,
y en cada crisis encuentran
un terreno fértil para crecer.
Pero incluso en la lógica más fría
hay grietas que el dinero no cubre:
la dignidad no cotiza en bolsa,
ni el arraigo se mide en dividendos.
¿Qué vale más, entonces,
un techo o su precio futuro?
¿Una vida construida en un barrio,
o la rentabilidad de desplazarla?
Tal vez el problema no sea el buitre,
ni siquiera el cielo que lo sostiene,
sino el suelo que olvidó
que debía ser hogar antes que negocio.
Y aun así, entre cifras y sombras,
queda gente que resiste y recuerda:
que una casa no es solo paredes,
sino el lugar donde alguien pertenece.
Porque ningún fondo, por grande que sea,
puede comprar del todo la esperanza
de quienes, contra el mercado,
siguen buscando un lugar al que llamar hogar.
—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA
Mayo, 2024.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 1 de mayo de 2026 a las 01:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: JUSTO ALDÚ

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