Óleo para un desnudo

Julien Villamizar

Está bien arrullar los sueños, 

darles paz, apagar su anhelo, 

soltar las quimeras del vuelo,

y claudicar de los mejores deseos.

 

Deja el ayer, su peso muerto,

renuncia a lo que nace incierto,

sostén el espejo deshecho y afronta el rostro del despecho.

 

Está bien sangrar a gotas lentas:

lo que importa es que lo intentas.

 

Suelta las promesas ya vencidas,

esas grietas en la vida.

 

Llorar a solas no consuela,

no malgastes lágrima en la arena.

 

Al fin, los monstruos que proyectas

no son la sombra que más acecha.

 

Está bien cerrar los párpados,

rendir los labios, los reparos.

 

Hasta el más bello de los cuentos

tiene un final entre los dientes.

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