SUPERFICIE

Joa Quin


La angustia no aparece de golpe,
se va formando
mientras uno camina
y observa sin apuro
el movimiento de los otros.

También pasa por el amor,
por esa circulación rápida
de cuerpos y palabras
que apenas se rozan
y siguen,
como si no hubiera
nada que retener.

Todo cuesta,
pero no solo dinero:
cuesta detenerse,
cuesta quedarse
un poco más de lo previsto.

Peregrino cuerpos,
frases repetidas,
promesas breves
que no fracasan
porque nunca llegan
a empezar.

No es el deseo lo que falta,
sino una mirada
que se sostenga
más allá de la superficie,
el tiempo suficiente

como para volverse real.

Al final vuelvo solo,
con esa misma sensación
de vacío
en el bolsillo
y en el pecho,
como si ambas cosas
pertenecieran
a un mismo orden.



Hay vínculos que se parecen
a esos bares de paso:
luz suficiente,
música baja,
nada que incomode.

Nos encontramos
porque es fácil,
porque no exige
demasiada atención.

El cuerpo cumple su parte.
El afecto también,
en una medida aceptable,
sin riesgo de exceso.

Hablamos de lo justo.
Dormimos juntos.
Alguien se va primero
para no nombrar nada.

No es cinismo.
Es una forma de acuerdo.

La mediocridad
no duele:
se instala
como una temperatura estable
que evita preguntas.

Al día siguiente
seguimos igual,
con la vaga sensación
de haber estado cerca
de algo
que no valía la pena
sostener.

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Comentarios +

Comentarios1

  • Aitor Muñoz Pérez

    Se me hace tan triste el sexo sin amor, y tan irresistible en ocasiones que mi albedrío regalo por una cadena, esa cadena que al suelo nos ata y llamamos deseo. Amor y dinero van juntos, dicen, pero eso es sólo para estamentar corazones unos con otros, a la postrer lo que importa son las mentes y los cuerpos.



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