La cuenta que no quiero cerrar

Héctor Gregorio

 

No sé bien cómo se cuenta el tiempo,

si por la sombra que proyecta el cuerpo

o por las ganas de verte.

Como quien ordena un cajón de recuerdos,

de repente, se me inundó de números.

Dicen que son doscientos cuarenta meses,

un número redondo, una frontera;

ochenta estaciones que pasaron por las ventanas

mientras nosotros, sin mucho equipaje,

aprendimos que la vida no pesa,  si se quiere.

Resulta que hemos invertido mil cuarenta y tres semanas

en esto de inventarnos un destino,

y lo increíble no es la cifra, sino la ligereza:

el tiempo no se nos vino encima, nos acompañó en el camino.

 

Llevamos recorridos dieciocho mil millones de kilómetros

subidos a este planeta inquieto; un viaje largo, de una distancia nunca imaginada,

que hizo corto el trayecto a la vista de hoy.

Tal vez porque sin apuro,

aprendiéndonos, nosotros lo hicimos.

 

Hemos respirado cerca de ciento cincuenta millones de veces

desde aquel día en que todo comenzó,

y nos asomamos al abismo de los seiscientos millones de segundos,

una cifra que marea a cualquiera...

Pero puestos uno tras otro, pasaron volando, como un suspiro largo,

porque no fueron tiempo: fueron espera y fueron entrega.

 

Han sido siete mil trescientos cinco amaneceres,

y después de doscientas cuarenta lunas llenas,

lo más asombroso de todo este invento

es que mis ojos todavía te buscan en la oscuridad

con la misma urgencia del primer momento.

Una hilera de noches donde el mundo cambió mil veces,

pero mi mano siempre sigue encontrando la tuya bajo las sábanas.

 

Hoy tengo un cuerpo nuevo, ya lo sabes,

mis células se mudaron varias veces en estas dos décadas.

Y sin embargo, este hombre que soy ahora

—con un par de marcas nuevas y el alma más serena, tal vez—

te vuelve a elegir así, con sencillez, en cada instante.

Como en cada mañana de los siete mil días que pasaron,

nos volvimos a elegir. Y no fue costumbre, ni inercia,

sino la intención de seguir sumando latidos, miradas y veredas,

caminando livianos...

extrañando el siguiente segundo, con el amor de hoy.

 

(A la mujer de mi vida, a un mes de los veinte años construyendo destino e infinitos catorces.)

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.